UNA MIRADA A LA MUJER MARROQUÍ

Autor: Diva Criado Pacheco

Entender las tradiciones  que  rigen la cultura de un pueblo bajo el esquema de las propias,  es  materia complicada, no obstante  el respeto que como expresión cultural deben infundir a quien las analice.  Me refiero a Marruecos y concretamente a  la situación de la mujer. Para  quienes hemos tenido  la oportunidad de conocer de cerca su situación y hemos  socializado su condición, la situación de la mujer marroquí,  hoy en día,  resulta  contradictoria: De una parte , la tradición les exige la necesidad de observar  comportamientos señalados culturalmente, en aras de mantener ciertas estructuras sociales derivadas de sus creencias religiosas y de otro lado,  su adaptación  a la creciente “modernización” y “democratización” del Estado marroquí, en su paulatino pero creciente intento de ingresar al mundo globalizado, de corte claramente occidental, les exige otros.

En el ámbito privado, vale la pena tener en cuenta que hasta la  mitad del Siglo XX las mujeres marroquíes eran amas de casa o esclavas, en su mayoría analfabetas, a quienes les estaba prohibido salir de sus casas sin la compañía de un hombre. Además de lo anterior, la “Moudawana”, ley que regula los derechos de las mujeres y que basa su legitimidad en el Islam, continúa hoy en día siendo un instrumento  justificador de la discriminación de la mujer, en tanto predica su sumisión al orden patriarcal y le impone códigos de comportamiento para la vida familiar. Esta ley, regula el matrimonio, su disolución, la filiación, el  testamento y la sucesión.  A pesar de las reformas que desde el 2004 se introdujeron en  la Moudawana, este se  encuentra muy lejos de satisfacer reivindicaciones femeninas, pues este estatuto personal de la mujer, convive con ciertas otras  instituciones arcaicas como son la Poligamia y la Repudiación del marido a su esposa. Resulta claro por tanto, desde nuestra óptica occidental, que se continúa considerando a la mujer como una ciudadana de segundo orden, o mejor, como una “menor de edad”, para quien “existir” o “ser”, requiere de la tutela familiar, entendida esta tutela como la consideración de la mujer  como una pertenencia más de su padre, hermano, marido, hijo o familiar masculino más cercano.

En el ámbito público, la Constitución del Reino de Marruecos,  consagra la supuesta igualdad de derechos entre hombres y mujeres; y decimos supuesta,  porque además de las referencias anteriormente expuestas, en lo que atañe al ejercicio del derecho al sufragio, las mujeres tienen la posibilidad de elegir, pero no de ser elegidas, perdiendo su posibilidad de  participar real y efectivamente de la vida política de su país.

La religión constituye un factor determinante en la condición cultural de la mujer en Marruecos. Dentro de este marco, el velo es una tradición que muchas mujeres prefieren mantener. En las calles de las ciudades de Marruecos, especialmente en la Medina,  suelen verse  prendas tradicionales como el HIYAB, el cual deja la cara libre y muchas mujeres lo llevan como símbolo de identidad. El BURKA oculta completamente el cuerpo y una rejilla de tela en la cara les permite ver pero no ser vistas. El NIQAB,  cubre hasta las rodillas y solo deja libre los ojos. El SHAYLA, un pañuelo largo y rectangular es usado alrededor de la cabeza. El CHADOR, cubre todo el cuerpo y puede combinarse con un pañuelo en la cabeza. Cuando a AZIZAH AL IBRI ,  fundadora de la organización “Karamah” (Dignidad),  constituida por un grupo de abogadas musulmanas defensoras de los derechos humanos y la igualdad de géneros,  se le pregunta sobre el uso del velo por parte de las mujeres marroquíes, ella afirma que “ quitarse o ponerse el velo es un asunto privado de la mujer “ . No se puede más que estar de acuerdo con ella, ya que no resultaría lógico defender la libertad de expresión y a la vez prohibir el velo.  

En conclusión, es admirable en las mujeres marroquíes de hoy en día,  su  lucha por que se les reconozcan y se hagan efectivos sus derechos económicos, políticos y sociales en igualdad de condiciones con los hombres. Al mismo tiempo, su interés por mantener sus tradiciones (en tanto dichas tradiciones no resulten incompatibles con el real y efectivo ejercicio de sus derechos), de manera que no se pierda su identidad como mujeres marroquíes, en lo que resulta un bien entendido proceso de modernización estatal

Resulta interesante adentrarnos en el proceso y  observar que forma parte de un proyecto de sociedad moderna, pujante y emprendedora, y que compromete la actuación de la mujer tanto en el ámbito privado, como en el público.

Derechos Reservados de autor.

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