Era Secundino Jácome, hijo de Simón Bolívar?

Jorge Meléndez Sánchez

Jorge Meléndez Sánchez.  Historiador, catedrático universitario y autor de  37 libros sobre historia colombiana.  Nació en Ocaña, Dpto. Norte de Santander.  Colombia. Relata  una seria e interesante labor investigativa sobre la  presunta paternidad  de Simón Bolívar. D.C.P.
El personaje conocido con el nombre de Secundino Jácome alcanzó a vivir casi todo el siglo XIX republicano. El detalle de su condición octogenaria al momento de morir podría pasar desapercibida, como la de muchos otros con la misma condición. Lo llamativo de él fueron dos marcas que le identificaron irremediablemente: su condición de negro y el gran parecido con el Libertador Simón Bolívar.
Los testimonios rescatados en la tradición oral lo señalan por esos dos detalles inocultables. Con esa carga anduvo toda la vida y por razones propias de la época o por su mismo subjetivismo nunca se aclaró el martirio. Correspondió al sacerdote Eduardo Trujillo Gutiérrez llevar el tema a la Academia de Historia del Norte de Santander para su respectiva divulgación a partir del libro “Gramalote: historial y leyenda” (1974); en la misma Academia se hizo sentir la voz del destacado intelectual eclesiástico de Pamplona llamado Alfonso María Pinilla Cote y la de don Leonardo Molina Lemus, ocañero y Secretario de la institución.
El primer testimonio lo tomamos de Peroux de Lacroix quien escucho a Bolívar la siguiente afirmación:
“Sólo yo no he tenido posteridad, porque mi esposa murió muy temprano y no he vuelto a casarme. Pero no se crea que he sido estéril o infecundo, porque tengo pruebas de lo contrario”. 
La ausencia de descendientes es notoria en Bolívar y muchas veces han aparecido informes de paternidad en América Latina, sin suficiente prueba. La opinión generalizada es la asociación de los informes con leyendas. Otra cosa pudo decirse del pintor Gauguin, a quien sus familiares señalaban antecedentes genéticos con Bolívar, pero no es nuestro tema en este momento; nos interesa destacar al niño Secundino porque en la tradición cucuteña se mencionaba que la familia Jácome en los días de la Convención de Cúcuta (1821) le llevaba al Libertador un niño negro a quien él acariciaba al sentarlo en sus piernas y le entregaba algunas monedas.
Si Bolívar tenía noticias de esta paternidad, ¿a qué podemos atribuir su propia indefinición? Suponemos que su condición política sería un problema en una época de segregación racial; de pronto podríamos comprender que en su status no se acostumbraban estos reconocimientos. La negra Lucía León afirmó siempre la paternidad ante sus amos, y en Ocaña fue aceptada su afirmación hasta el punto de conmover a la familia Jácome y resolver el traslado del niño donde otros familiares residentes en Cúcuta.
El niño mimado por la particular estirpe ocupó la atención de la familia Jácome en Cúcuta y recibió educación con tutores apropiados. Ese signo de distinción fue claro en vida del mismo Libertador. Luego con el tiempo fue aceptado en el seminario de Pamplona pero debieron pasar muchos años para ser ordenado sacerdote: no era frecuente dar esa distinción a un hombre de “color”, cercano a los cincuenta años y para colmo hijo natural; además no tenía disponible la partida de bautismo pues según sus cálculos había nacido en “los finales de 1812”.
Por su parte el padre Pinilla Cote decía:
“De que Secundino Jácome, sacerdote católico, fundador de la parroquia de Gramalote (N. de S.), y fallecido allí mismo el 25 de agosto de 1895, hubiera visto la luz en Ocaña, no cabe ya duda. De que fuera hijo, desde luego bastardo, del Libertador, como repiten muchos, no estamos tan seguros. Este artículo, breve glosa a documentos que hoy se publican por primera vez, trataría los dos puntos”… el canónigo Pinilla traza una semblanza del “célebre párroco en curiosa vocación sacerdotal que despuntó en él siendo hombre más que maduro y lo condujo a recibir órdenes cuando contaba casi medio siglo de vida”. Y afirma “…sus rasgos fisonómicos por último, que algo evocaban de la eximia figura, todo hizo que en torno a Jácome, aún vivo, creciera la conseja de aquella filiación extraordinaria…”.
Tres cosas resaltamos de lo afirmado por Pinilla Cote. 1) La bastardía. 2) La vocación tardía y 3) los rasgos fisonómicos. El clérigo no entró en consideraciones sobre antiguas limitaciones para el sacerdocio. Si no estaba seguro de que no había nada extraordinario en su genética debemos advertir que era “extraordinaria” su ordenación en 1861. La situación invita a otras curiosidades.
Don Leonardo Molina Lemus a pesar de ser ocañero prefirió darle cauce a su metodología histórica y concluyó que no había tal filiación en Secundino. Destacaba que la partida de bautismo estaba asentada en febrero de 1817 y Bolívar había pernoctado en Ocaña durante los meses de enero y febrero de 1813. Para Leonardo se acostumbraba en esos días el bautizo rápido y por tal ese niño debió nacer en unos diez días antes del bautizo en 1817 para salvarlo de una vez por todas de los riesgos de “quedar en el limbo”; el negrito debió ser hijo de otro negro y nada más.
No está por demás recordar que conocimos a don Leonardo como hombre dedicado a la recuperación documental de la Historia del Norte de Santander y que gozó de gran aprecio por su honradez y temperamento amigable. Como muchos académicos sirvió de vigilante al patrimonio histórico cultural, con formación autodidacta; hasta allí la advertencia.
Otros escritores han terciado al respecto y entre ellos, el abogado Antonio Cacua Prada. Tomando de base la información de Pinilla Cote concluye en forma tajante que Secundino no era hijo de Bolívar. Nada nuevo.
El mismo Secundino en un informe solicitado por el Señor Obispo en 1871 y trascrito por el padre Pinilla nos deja en la misma indefinición:
“Nací en el año de 1812 en la ciudad de Ocaña, Obispado de Santa Marta, única razón que puedo dar sobre el particular. Ningún sacerdote me acompaña. Fui ordenado el día 1º de enero del año 1861. El día 18 de febrero del mismo año fui nombrado coadjutor de San José de Cúcuta i permanecí allí 11 meses. El día 15 de diciembre de 1863 fui nombrado coadjutor de la Nieves de Pamplona; me posesioné el día 19 del mismo, sirviendo solamente 21 días. El día 7 de enero de 1865, fui nombrado cura interino de la Parroquia de San Cayetano i me posesioné el día 19 de marzo del mismo año, habiendo servido 10 meses menos días. El día 8 de enero de 1866 fui nombrado cura propio de esta parroquia i tomé posesión el día 19 del mismo mes. Aquí permanezco hasta la fecha”.
Su condición de “fundador” de Gramalote es otra curiosidad. En los anales de las guerras civiles de origen religioso la participación de los gramaloteros fue destacada en el lado conservador y en especial durante las guerras de carácter religioso como las de 1876 y 1885. De eso da cuenta el padre Trujillo en su libro al ilustrar la vida del temido General Rojas.
Para no cansar más con el tema vamos al grano. Todos los historiadores ya sea por intuitivos o por no tener fuentes primarias suficientes han dado el fallo que en el año 1976 se dio por satisfactorio. No veían pruebas sobre la paternidad.
Primero: todas las fuentes citadas como la partida de bautismo en 1817 y el archivo episcopal de Pamplona son leídas con tanto respeto que pudieron caer en el fetichismo documental; así se vio la partida de bautismo en donde si bien la fecha es correcta advierte en el caso de Secundino Jácome que quien impuso el óleo fue el sacerdote Alejo María Buzzeta. Extrañó que Leonardo Molina no tuviera conocimiento del castigo impuesto al sacerdote a la llegada de Murillo en los días de la Reconquista del año 1816. La mención al sacerdote cuestiona ya que haya nacido en 1817 y además se limita a la sola referencia sin declarar al responsable de la paternidad o sea a ese otro negrito que se dice fue su verdadero padre.
Otra cosa que ninguno de los mencionados escritores trae a cuento es el apellido Jácome. Por costumbre los esclavos recibían el apellido de sus amos como podemos notarlo en los Mosquera, los Arboleda, los Valencia, etc., que hoy tienen mostrario en los mejores momentos del fútbol colombiano. Entonces dicen algunos defensores de la paternidad de Secundino que como Bolívar se alojó en casa de los Jácome, familia muy pudiente en esos años, entonces fue allí donde engendró a Secundino; equivocación que desubicó la discusión.
Para el año de 1813 la familia Jácome estaba en contra del movimiento bolivariano y por ello recibió castigo don Simón Jácome al ser conminado a colaborar con $200,oo en mulas para el ejercito que salía rumbo a Cúcuta; más adelante y después de la batalla de Boyacá el Dr. Francisco Aquilino Jácome se unió a Bolívar y fue definitivo en la pacificación de Los Colorados (1822), una guerrilla enemiga de Bolívar desde 1813 a causa de los fusilamientos de algunos soldados remisos a participar en la campaña anunciada por los lados de Venezuela. Cuando Murillo hizo su aparición reorganizó a Los Colorados y los puso en contacto con la población de Chiriguaná para crear una corona de protección para Santa Marta y Maracaibo; también empezó los juzgamientos a los comprometidos locales y ordenó la multa de $1.000 y el destierro a Santa Marta al sacerdote Buzeta. Entre los bienes rematados para obtener el definido en su fallo figuró Lucía León con su niño, por supuesto; esto nos permite aclarar que al momento del arribo de Bolívar en 1813, la esclava era de la hacienda Venadillo, de propiedad de Buzeta, y no de don Simón Jácome quien la obtuvo en un acto de “desagravio económico” por parte de Murillo en 1816, por haber sufrido embargos por parte de Bolívar.
Ahora bien. Solucionado el impasse de los rebeldes con “la Pacificación española” el panorama “se aclaró” para muchos. El sacerdote Álvarez Guedes, personaje prestante en el Presbiterio de Ocaña y a quien le correspondió acompañar a Buzeta durante los días en que fue “Vicario ad Hoc”, es decir, desde 1806 y 1807, cuando perdió su pleito por mantener atribuciones de Párroco de la Iglesia Mayor; al ser sancionado Buzeta Álvarez
Guedes quedó al frente de la dicha Iglesia Mayor. Si bien Álvarez fue un personaje local desde los primeros años del siglo XIX nunca aspiró a la Vicaría y mucho menos a tomar partido por uno de los bandos enfrentados. Quedó al frente de todo y en especial, ante el reto de poner en orden los papeles propios de la administración eclesiástica.
Cuando el Cabildo de 1811 resolvió adherir a la Junta Central de Santa Fe se solicitó el nombramiento de Vicario a favor de Buzeta. Esta situación nos explica la confusión en torno al título de Vicario dado por todos los patriotas y el desconocimiento total de Murillo del tratamiento respectivo al acusarlo de corruptor de la juventud con sus ideas rebeldes. El nombramiento no se había hecho por “libre” designación del Obispado vacante sino por presión patriótica.
La ruidosa pelea en 1806, de Buzeta contra el Vicario Titular don Joaquín Quintero Príncipe, mostró el ánimo levantisco del patriota frente al representante del notablato criollo tradicionalista recién incorporado al Presbiterio en plena viudez. Al ser castigado Buzeta por rebeldía el padre Álvarez Guedes lo reemplazó y el destituido siempre manifestó su confianza en él. No era extraño entonces, que en 1816 siguiera el Álvarez Guedes como fórmula del poder detrás del trono.
Álvarez Guedes solicitó en el segundo semestre de 1816, ante el Obispado de Santa Marta y ante la noticia de la muerte de Buzeta, la autorización para abrir un libro extraordinario de bautismos, pues según afirmaba, desde 1807 no se llevaba dicho libro archivo. Para cualquier sacerdote es fácil advertir que era una “mentira piadosa” para ponerse al día; hasta advertía que él mismo había fallado en llevar el libro y agregaríamos nosotros “y no por miedo o por solidaridad con Buzeta”. Desde luego que el sacerdote fue autorizado en la petición y así se asentó la partida de Secundino Jácome advirtiendo que quien había puesto los óleos había sido Buzeta, aunque no dio ni fecha de nacimiento ni nombre del padre. Podríamos pensar en que los Jácome reconciliados con Bolívar mostraron el aprecio enviando al párvulo a Cúcuta “para que lo viera”.
Faltaría entonces el ADN para la prueba definitiva. (54)  

  1. #1 por discenso el julio 10, 2017 - 9:08 pm

    Excelente artículo, me agradó mucho conocer más detalles, soy natal de Gramalote y en el atrio principal, se veía la estatua del pbro Secundino Jácome y de la placa respectiva con la leyenda alusiva a que era hijo del Libertador Simón Bolívar, pues en diciembre de 2010 se dio el fenómeno que acabó prácticamente con todo el pueblo y se sabe que al tratar de remover la estatua, esta cayó pero se descabezó. Creo que en Sardinata hay otra estatua similar, no se sí tenga la misma leyenda, porque dice que también fundó ese pueblo.

  2. #2 por discenso el julio 10, 2017 - 9:11 pm

    Reblogueó esto en Título del sitioy comentado:
    Secundino Jácome hijo bastardo del Libertador Simón de la Santisima Trinidad Bolívar Palacios

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