Mujeres del norte de Malí bajo asedio sexual de grupos armados

Crédito: William Lloyd-George/IPS

Por William Lloyd-George. Niamey, 24.04.2012 (IPS) – Se multiplican las denuncias de mujeres violadas en el norte de Malí a manos de rebeldes tuareg y de otros grupos armados que controlan la zona desde inicios de este año, cuando expulsaron de allí a las tropas gubernamentales.

Corinne Dufka, investigadora de la organización Human Rights Watch (HRW) en África occidental y que se encuentra en misión en Malí, se refirió a denuncias de violaciones y violencia sexual en pueblos y aldeas de la región.

“Estamos muy preocupados por lo que parece un drástico aumento de agresiones y abuso sexual de grupos armados del norte contra mujeres y niñas”, dijo Dufka a IPS.

“Desde que los grupos rebeldes consolidaron su control del territorio que llaman Azawad, HRW registró varios casos de violaciones y de secuestros de mujeres y niñas, que muy probablemente sufrieron abusos sexuales”, apuntó.

Según Dufka, la mayoría de estos ataques fueron “perpetrados por rebeldes del MNLA (Movimiento Nacional de Liberación de Azawad) y, en menor medida, por milicias árabes aliadas”.

El MNLA reúne a varios grupos armados tuareg que se unieron con el objetivo de establecer y gobernar un estado independiente que llamaron Azawad.

Desde que Francia se retiró de la región en 1960 hubo varias revueltas de los tuaregs contra el gobierno de Malí, pero terminaron en negociaciones y con la designación de algún líder de ese pueblo en un cargo de gobierno.

Los rebeldes tuaregs –pertenecientes a la etnia nómade amazigh que puebla el Magreb– sostienen que las autoridades no han cumplido sus promesas y reclaman un estado independiente.

Pero esta vez, el MNLA logró avances sin precedentes en el terreno con armamento pesado que se conservaba de anteriores alzamientos y con armas que llegaron de Libia en los últimos años. Este progreso fue facilitado por el golpe de Estado del 22 de marzo en Bamako, la capital del país, y el consiguiente retiro del ejército de la zona norte.

El portavoz del MNLA, Mussa Ag Assarid, negó que combatientes de ese grupo fueran responsables de agresiones sexuales.

“No pertenecen al MNLA, son otros hombres que andan por ahí”, señaló por teléfono desde la ciudad maliense de Gao. “No podemos controlar a toda la gente de Azawad”, reconoció.

El MNLA declaró un estado independiente el 6 de este mes, pero los residentes de la zona señalan que los rebeldes no parecen controlar la situación.

“Un día viene un grupo armado y otro día otro, sentimos mucha inseguridad”, dijo a IPS un habitante de Gao que prefirió no dar su nombre.

Desde el inicio del conflicto, varios grupos islamistas armados aparecieron en esa zona, e hicieron crecer temores sobre el futuro que espera a la población femenina local.

Uno de esos grupos, Ánsar Dine, encabezado por el conocido líder rebelde tuareg Iyad Ag Ghali, trató de imponer la shariá (ley islámica) en el norte, e hizo públicas sus creencias por radio poco después de ingresar en la ciudad de Timbuktú.

“Las desgracias se deben a la falta de fe en Dios, y a que la gente abandonó la shariá al cambiar de estilo de vida, influenciada por los blancos”, señaló.

Se estima que Ag Ghali tiene unos 300 combatientes, pero su influencia parece ser bastante mayor. Muchos comandantes del MNLA le siguen siendo fieles desde anteriores revueltas, al igual que narcotraficantes y otros sectores armados de la región.

Desde que Ánsar Dine anunció la imposición de la shariá, circulan rumores de que Ag Ghali fue visto viajando con líderes de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). También se dice que operan en la región el grupo extremista de Nigeria, Boko Haram, y el Movimiento por la Unidad y la Yihad (guerra santa) en África Occidental.

La población denuncia que hay cada vez más extranjeros en filas islamistas, y aumentan los temores de que puede concretarse el objetivo de Ag Ghali de crear un estado islámico.

Las malienses, que gozaban de una relativa igualdad de género en comparación con las mujeres de otros países de la región, temen un cambio para peor.

“Desde que llegaron estos grupos armados, rara vez salimos de casa, estamos aterrorizadas de lo que pueda pasar si nos olvidamos de hacer algo de lo que nos dijeron”, dijo a IPS una mujer de 40 años, vendedora de Timbuktú, quien también pidió no revelar su identidad.

“Trabajé toda mi vida para alimentar a mis hijos, ¿cómo voy a dejar de hacerlo ahora? Y aun si me permiten trabajar, no estoy acostumbrada a estar todo el día con el cuerpo cubierto de pies a cabeza”, señaló.

Los residentes denuncian que Ánsar Dine y otras milicias recorrieron la ciudad puerta por puerta, ordenando que las mujeres usaran velo y respetaran la ley islámica. También fueron a peluquerías y rasgaron fotografías de cabezas femeninas descubiertas, cerraron burdeles y prohibieron la venta de bebidas alcohólicas.

No hay denuncias de que Ánsar Dine haya castigado a mujeres por no respetar la shariá, pero ellas temen que la situación cambie si aumenta el control islamista.

La disponibilidad de alimentos, la electricidad y la infraestructura también están gravemente afectadas por el conflicto. En muchas ciudades se agotan los comestibles y el agua, y ha sido difícil que la población civil acceda a la ayuda humanitaria.

“La vulnerabilidad de las mujeres aumenta en el norte por la falta de atención médica, la inexistencia del Estado de derecho y la limitada asistencia humanitaria, que podría mitigar su sufrimiento y evitar abusos mayores”, indicó Dufka.

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