Iglesia y mujer

Por Álvaro Colomer. El Mundo.es/Barcelona .La escritora sarda Michela Murgia estudió Teología, trabajó como maestra de religión y fue monitora de Acción Católica (apostolado para la difusión de dicho credo). Por tanto, es una cristiana de los pies a la cabeza que, sin embargo, acaba de publicar ‘Y la Iglesia inventó a la mujer’ (Ed. Salamandra), un ensayo donde revisa la figura femenina en la historia del catolicismo y donde, inevitablemente, denuncia la estigmatización del cuerpo femenino a lo largo de los siglos.

Cuando pienso en alguna de las mujeres que aparecen en los Evangelios, e incluso en el Antiguo Testamento, me viene a la cabeza la imagen de una mujer llorando. ¿Por qué no encuentro otro tipo de imágenes?

Hay una diferencia sustancial entre lo que aparece en las Escrituras y lo que el imaginario colectivo y el arte sacro han ido recogiendo de otras narrativas religiosas. La pregunta que debemos plantearnos no es si la Biblia muestra sólo a mujeres afligidas (cosa que no es cierta), sino cuáles han sido seleccionadas por el catolicismo para transmitir la imagen de la mujer angustiada. La representación de la aflicción siempre se relaciona con la de personas que tienen algo que debe ser perdonado, y en la narrativa popular católica las mujeres siempre tienen que ser perdonadas del mayor de los pecados: la expulsión del Edén.

También es difícil encontrar representaciones artísticas en las que las mujeres del cristianismo sean adultas o ancianas. Por ejemplo, en la Piedad de Miguel Ángel, la Virgen María parece más joven que el Hijo muerto que sostiene entre los brazos.

En la mujer, la santidad está ligada a la juventud, en contraposición a una corrupción espiritual que se asocia al resto de edades. Pero eso sólo afecta a las mujeres, como demuestra el hecho de que los santos siempre sean representados como hombres adultos o ancianos (incluso desvirtuando la realidad más objetiva, como en el caso de San José), cosa que ocurre porque la ancianidad masculina se asocia a la sabiduría y la moderación.

Eva y la Virgen María, quizá las dos mujeres más importantes del cristianismo, son dos figuras absolutamente contrapuestas.

Eva es la deformación del mal, la semilla emponzoñada que envenena a ambos sexos, ya que debilita la voluntad del hombre con su seducción, convirtiéndose en el arquetipo de todas las mujeres y provocando la muerte del mundo con su acto de desobediencia. María es la antítesis de Eva, o eso nos enseñaron los padres de la Iglesia. San Pablo llegó a decir que Cristo era el nuevo Adán y la Iglesia amplió la idea diciendo que María era la nueva Eva. En el caso de Jesús, el paralelismo es correcto, pero en el de María la afirmación supuso la creación de un modelo de mujer rígida y poco acorde con la realidad.

Cuando se difundió el uso de la anestesia epidural, se produjo un debate en el seno de la Iglesia en torno al peligro de desobedecer aquel mandato divino de ‘parir con dolor’. ¿Qué otras condenas divinas siguen vigentes en la actualidad?

Todavía hay mucha resistencia cultural en torno al control del dolor y de los cuidados paliativos. Esto proviene de la concepción católica según la cual el sufrimiento es algo salvador, es decir, que el sufrimiento es una especie de expiación que nos convierte en mejores personas. De ahí que los cristianos hayan asumido la señal de la cruz, que es un símbolo de sufrimiento, como máximo icono de su religión, cuando en verdad había otras representaciones, como la barca o el pescado, que simbolizaban igualmente a Cristo.

La sociedad es cada vez más laica, pero usted afirma que los roles adjudicados por la Iglesia a la mujer han conseguido infiltrarse en nuestros hogares a través de la publicidad, la prensa, el trabajo… ¿Cómo puede romperse esta dinámica?

La religión católica ha elaborado planes culturales para los próximos 2.000 años. No se puede pensar que su influencia se basa sólo en la fe. Las opciones culturales y sociales que se desarrollan en nuestra sociedad tienen una evidente herencia católica. Mi intención es dar a entender el motivo por el que nuestro presente sigue influenciado por estereotipos religiosos, incluso cuando ya casi nadie acude a las iglesias.

Usted es creyente, ha estudiado Teología, ha sido profesora de religión y monitora de Acción Católica. ¿Cómo ha reaccionado la Iglesia ante la publicación de su libro?

En un primer momento, reaccionó con el silencio. Pero entonces el libro entró en las listas de los más vendidos y se creó un gran debate, obligando a los medios de comunicación a buscar la opinión de los católicos. ‘L’Osservatore Romano’ y el ‘Avvenire’, que es el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana, publicaron varios artículos sobre el tema, lo cual me alegró mucho, ya que aportaron una contribución crítica que demostraba que no veían mi libro como una mera provocación anticlerical, sino como un discurso complejo que merecía ser debatido.

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