Cómo agradar a Merkel


Ángela Merkel /Foto. El mundo

Rosalía Sánchez. Berlín 06.09.2012. El Mundo.es, Siempre es bueno quedar bien como anfitriones, pero cuando la invitada en Ángela Merkel, merece la pena esforzarse un poco más. A la canciller le desagrada la impuntualidad, así que el personal de Moncloa que todavía ayer traducía al alemán el menú de la comida ya puede darse prisa. Lo mismo ocurrirá con los discursos planeados en la tan cacareada Conferencia Empresarial hispano-germana. Dividido el tiempo del programa por el número de discursos quedan 3 minutos para cada uno de los hablen. ¡Cielos, concisión!

Para agasajar a Merkel no son necesarios platos demasiado refinados o innovadores. En 2008, después de firmar la primera macro ayuda a los bancos alemanes, 8.000 millones de euros, que hoy con tanto rescate no parecen gran cosa, pero que en 2008 eran una cantidad inverosímil, se encerró en su despacho de la Cancillería y pidió que le trajeran… un plato de lentejas! Así es ella, mujer de legumbres.

Quienes trabajan estrechamente con la canciller aseguran que tiene un sutil y siempre presente sentido del humor, pero para el resto de los mortales es una persona de una seriedad imperturbable. No hay imágenes de ella en actitud festiva, aunque sí hay alguna foto en la que empina una jarra de cerveza de litro con cierta fruición. Debía hacer mucho calor ese día. Para ofrecer una imagen más relajada de la canciller, la televisión de su partido, la CDU, emitió en su día este montaje con fonemas emitidos por la canciller y ensamblados para formar una pegadiza melodía. Todo un éxito, hacer cantar a la Merkel. Ni siquiera lograron que cantase los porfiados miembros de la tuna de aparejadores de Granada, que este pasado mes de julio, durante un viaje a Berlín, rondaron bajo su ventana. Merkel bajó y estuvo hablando con ellos a la puerta de su casa, encantada con el detalle, pero de cantar, nada de nada. Lo suyo es escuchar, sobre todo ópera.

Pero lo más importante a la hora de recibir a Merkel es evitar los excesos de entusiasmo. Siempre se sintió violenta cuando Sarkozy, en plan mediterráneo pegajoso, le daba golpecitos en la espalda, le pasaba el brazo por encima del hombro, o incluso la premiaba con un beso. Hasta tal punto que Merkel pidió a su servicio diplomático que transmitiese un claro mensaje el Eliseo: “con un apretón de manos basta”. O recordemos aquel G-8 de 2007 en San Petersburgo, cuando Bush, en un pretendido gesto de amistad germano-americana, se puso a darle a Merkel un masaje en las cervicales y estuvo a punto de provocar otra guerra. Abstenerse, por tanto, de demostraciones efusivas de afectividad.

Por último, no olvidar que la aparente prepotencia de la canciller esconde a menudo timidez. Y que tiene una vena sensiblera importante. No en vano, como ella misma ha reconocido a una revista femenina, su película preferida es ‘Memorias de África’.

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