Un estudio propone revisar las medidas de lucha contra la violencia machista

El Economista. Barcelona, 11.11.2012 (EFE).- Un estudio elaborado por el doctor en Sociología Jurídica, Ricardo Rodríguez Luna, propone revisar las medidas de intervención y prevención de la violencia machista para no centrarlas exclusivamente en las penales y ampliar las sanciones de los agresores con una responsabilidad “social y política”.

Promover el ejercicio de formas alternativas de paternidad y de masculinidad, enseñar a gestionar las emociones masculinas y que los hombres asuman nuevas responsabilidades son algunas de las propuestas a añadir a las fórmulas penales que propone el trabajo.

El estudio, titulado ¡Pero si nosotros no hemos hecho nada! La responsabilidad ético-política de la violencia machista”, ve necesario tener en cuenta el género en el desarrollo de estrategias preventivas del delito, así como revisar, bajo la misma óptica, las medidas y recomendaciones orientadas a fomentar la responsabilidad masculina de la violencia machista.

El estudio ha sido elaborado con un trabajo de campo, treinta entrevistas y reuniones de trabajo con grupos focales con personas que trabajan en entidades relacionadas con la violencia de género.

El estudio, que ha obtenido el primer premio del Máster del Institut Interuniversitari d’Estudis de Dones i Génere (iiEDG), considera necesario “fomentar el desarrollo de medidas contra la violencia dirigidas específicamente a hombres”.

El investigador del Grupo Antígona de la UAB Rodríguez Luna reconoce que las políticas de igualdad de género han favorecido leyes, programas, planes de gobierno y estrategias muy positivas y que han pretendido fomentar la responsabilidad de los hombres de la violencia ejercida contra sus parejas.

“No obstante, cabe preguntarse, si además de la responsabilidad jurídica, es posible pedir otro tipo de responsabilidad a los hombres que han ejercido violencia o si ésta se agota con el cumplimento de una sentencia”, señala el estudio, que también se pregunta qué pasa con aquellos que no han sido denunciados o con los que la han ejercido pero no la reconocen o no la aceptan.

El estudio se plantea la necesidad de que estos hombres “asuman algún tipo de responsabilidad”, por lo que desarrolla el concepto de una “responsabilidad masculina por la violencia contra la pareja y/o expareja, en la que hacerse cargo por la violencia adquiera un sentido político para los hombres”.

La conclusión del estudio es que la violencia está causada por las desigualdades de género y los roles del hombre en los procesos de socialización.

La forma de concebir al sujeto tiene una consecuencia importante, ya que favorece “tácticas de ocultamiento de la violencia masculina” y propicia imágenes que culpabilizan a la mujer y, a su vez, victimizan al hombre.

El estudio considera crucial este aprendizaje social como un factor de suma importancia en el problema de la violencia de los hombres contra su pareja o ex pareja.

Según el autor, al hombre se le atribuye un rol relativamente bien definido como “receptor” de los procesos de socialización y se les coloca como personas que escasamente han desarrollado sus emociones, “son poco capaces de gestionar este aspecto de su vida, por lo tanto, apenas reconocerán el uso de la violencia”.

El estudio destaca la escasa participación masculina en el cuidado de los hijos, de otras personas integrantes de la familia o en las tareas domésticas, así como una carencia importante de espacios de intimidad conforman una realidad que hace invisible la responsabilidad masculina al considerar a las mujeres como las principales transmisoras de los procesos de socialización.

“Y el hecho de que ellas sean las principales encargadas del cuidado y educación de los hijos y del hogar no significa, ni mucho menos, que deban de ser responsables de las conductas agresivas, valores, hábitos, modelos de masculinidad o de la violencia ejercida contra la pareja”, concluye el trabajo.

El estudio pone de relieve la gran diferencia que hay entre el número de hombres y mujeres encarcelados por violencia o la gran diferencia del número de delitos sexuales cometidos por hombres y mujeres, “que no es fruto de la casualidad ni producto de procesos psicológicos o biológicos inherentes”, sino que, según el autor, tienen una explicación social, que es sobre la que se debe actuar para prevenir.

Por ello, concluye que las medidas para luchar contra la violencia machista deben incidir en “la construcción social de los géneros” y específicamente en “las formas de socialización sobre aquello que es un hombre o lo que significa ser masculino”. 

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