Colombia: La taza de café que cambió la vida de todo un pueblo

Por Willen Janssen*. huffingtonpost.es, 10.03.2013 El viernes ha sido el Día Internacional de la Mujer, pero antes que añadir centímetros celebratorios generales en el ciberespacio, quisiera contarles un caso específico que realmente merece la pena celebrar.

Si estáis leyendo este blog mientras bebéis un café o después de la merienda esta historia os toca de cerca. Porque las mujeres de nuestra historia son pequeñas empresarias rurales latinoamericanas que conquistaron los mercados mundiales en áreas tan competitivas como el café o el hilo dental (tan sólo en Colombia hay medio millón de cultivadores de café).

Me reuní con ellas hace poco para evaluar si un proyecto del Ministerio de Agricultura de Colombia que estamos apoyando estaba realmente colmando sus expectativas.

Con soporte financiero del proyecto -Alianzas Productivas- la cooperativa de estas campesinas de El Tambo, valle del Cauca, ha mejorado su organización y producción, y ha invertido en equipos de cosecha de café, y en programas de marketing para sus productos, que ahora se venden en mercados internacionales.

Les pregunté qué había significado para ellas en términos concretos la ayuda de nuestro programa. Las respuestas van desde lo muy doméstico como “me compré una nevera” o “puse un piso nuevo en la casa”, hasta lo personal “mejoré mi jardín” o “ahora puedo ir al médico”.

Pero lo que realmente me llamó la atención y creo que muestra el verdadero valor de los resultados de este programa, son un par de respuestas que sintetizan todo el debate de la equidad de género.

Una de mis interlocutoras, Jeanette, me dijo: “Con el nuevo equipo que hemos adquirido hacemos nuestro trabajo más rápido y podemos pasar más tiempo con la familia”. Luz Marina, la presidenta de la cooperativa agregó: “Ahora tenemos influencia política, el alcalde de la ciudad nos escucha”. Finalmente Victoria cerró la rueda de comentarios de un solo brochazo con “somos las heroínas del pueblo”.

Todos estos aspectos son el tema central de un amplio estudio del Banco Mundial sobre la igualdad de género en América Latina. Este señala que las mujeres de la región han cerrado significativamente la brecha de desigualdad en la última década, lo cual las ha empoderado, pero que aún buscan cómo balancear las nuevas demandas de su vida laboral con la vida familiar.

El estudio concluye que los gobiernos de la región deben afinar sus políticas públicas para permitir que este balance trabajo-hogar se dé más ampliamente.

Realmente me complace que nuestro proyecto agrícola impulse la agenda de género, ayudando al empoderamiento de las mujeres emprendedoras rurales de la región. Si bien este blog es sobre un caso en Colombia, este tipo de iniciativas están sucediendo en toda América Latina.
Específicamente, las Alianzas Productivas están presentes en nueve países de la región, lo cual en números significa: 5.000 asociaciones campesinas, ó 250.000 familias, ó 1,5 millones de personas.

Las emprendedoras de nuestra historia son 112 y pertenecen a una cooperativa exclusivamente de mujeres. AMACA (Asociación de Mujeres Agropecuarias del Cauca) no siempre vio la fortuna desde su apertura en 2004, y tuvo resultados mediocres en sus intentos de llegar a un mercado global. En 2008 se sumó a Alianzas Productivas, con lo cual su suerte cambió. Otra cooperativa colombiana similar también alcanzó estatura global gracias a las Alianzas. Hace poco descubrí que la seda orgánica del hilo dental que usamos en casa es producida por un “pariente” de AMACA, llamada COSEDA.

El énfasis de Alianzas Productivas varía dependiendo del país y sus circunstancias, pero la idea básica es la misma. Para que una pequeña finca pueda garantizar el sustento de sus propietarios, estos deben relacionarse con mercados dinámicos y en términos justos, además de aplicar métodos sustentables de producción.

Cada vez hay más evidencia de que ésta es una premisa muy poderosa: en Bolivia, donde 15,000 pequeños agricultores se acogieron a la Alianza, el ingreso familiar de sus miembros se triplicó de 640 dólares estadounidenses a 2.400 dólares por año.

También hemos encontrado que el proyecto incentiva la producción verde e incluyente: un 20% de los campesinos bolivianos miembros del proyecto usan sistemas de producción orgánicos, y muchas propiedades se encuentran en áreas remotas, beneficiando directamente a los agricultores indígenas.

Y, además, como ya vimos, Alianzas Productivas funciona de lo más bien en cooperativas campesinas exclusivamente compuestas por mujeres.

Por eso digo que no hay mejor manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer que recordando a las “heroínas” de un pueblito remoto de Colombia que ahora tiene ruta directa a nuestras grandes ciudades.

*Willem Janssen: Experto en agricultura, Banco Mundial

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