Las mujeres ganan la batalla del Muro de las Lamentaciones

Un juez falla en contra de las rígidas normas impuestas por los ultraortodoxos para orar en el lugar más sagrado del judaísmo

Las Mujeres del Muro reivindican su derecho a rezar ataviadas con indumentaria reservada a los hombres en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén. :: Ana Cardenes/ EFE

Las Mujeres del Muro reivindican su derecho a rezar ataviadas con indumentaria reservada a los hombres en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén. :: Ana Cardenes/ EFE

Por Paula Rosas. El Cairo 28.04.2013. La voz digital.es, Se consideran «libertadoras» del Muro de las Lamentaciones, y su objetivo ha sido desvincular de la disciplina ortodoxa el lugar más sagrado del judaísmo. Les ha costado insultos y detenciones, pero esta semana un juez les ha dado la razón. La ‘revolución’ que el colectivo Mujeres del Muro ha emprendido en el que consideran el símbolo de la unidad judía, supone una victoria para el feminismo en una sociedad profundamente conservadora pero a la vez democrática como es la israelí, y un revés para los ultra ortodoxos, una minoría que ha conseguido imponer su estricta visión en muchos ámbitos.

La lucha de este grupo de mujeres comenzó en 1988, cuando acudieron al Muro de las Lamentaciones con un rollo de la Torá para rezar en voz alta, muchas de ellas ataviadas con el taled, el manto de rezo. Su osadía fue contestada con gritos e insultos desde el otro lado del ‘mechitzah’, la mampara que separa por sexos la explanada frente al muro. Aunque en numerosas congregaciones judías las mujeres pueden rezar junto a los hombres, ser rabinas y portar el taled o las filacterias, unas cajas de cuero que se atan a la cabeza o al brazo y que contienen textos de la Torá, la tradición ultraortodoxa no lo permite. Y es esta misma tradición la que desde hace décadas controla el Muro de las Lamentaciones, imponiendo sus leyes a todos los fieles que acuden allí a rezar, sean estos ortodoxos o no.

Estas circunstancias, señalan las Mujeres del Muro, impiden que en Israel las mujeres puedan disfrutar de libertad religiosa plena, y por este motivo llevan 25 años reivindicando -en la calle y en los tribunales- su derecho a rezar como sus propias tradiciones judías les permiten y en el lugar que para muchas de ellas, criadas fuera de Israel, significa el «símbolo central de la unidad judía». Su batalla ha sido larga pero constante, y les ha costado numerosas detenciones, las últimas este mismo mes de abril, cuando cinco mujeres fueron arrestadas por llevar prendas y objetos que el judaísmo ortodoxo reserva exclusivamente a los hombres y que, por lo tanto, estaban «perturbando la paz».

El revolucionario veredicto del pasado jueves del juez Moshe Sobel no solo rechaza que estas mujeres perturbaran la paz, sino que desafía el ‘statu quo’ establecido hasta la fecha, que dictaba que la «costumbre local» que debía regular el comportamiento ante el Muro era la ortodoxa. Según el magistrado, la tradición que debe aplicarse en este lugar sagrado es la «pluralista-secular-nacional», por lo que «restaura el estatus del Muro de las Lamentaciones como un símbolo nacional, que pertenece a cada ciudadano israelí y a cada judío de cualquier lugar del mundo», escribe el periodista Anshel Pfeffer en el diario ‘Haaretz’.

Fecha de caducidad

Israel no tiene Constitución, por lo que los derechos y obligaciones de los ciudadanos se han establecido a través de diferentes leyes, y el derecho a la libertad religiosa ha sido reconocido por el Tribunal Supremo. Aunque se entiende que la religión del Estado es el judaísmo ortodoxo, esta premisa nunca se ha recogido en una ley, por lo que no tiene sentido que la Policía detenga a mujeres por rezar con el taled. Este argumento, implícito en el veredicto del juez Sobel, da en parte la razón a los reformistas y los conservadores, que critican que sus comunidades están discriminadas con respecto a los ultraortodoxos en el reparto del presupuesto y en la asignación de cargos, alega Pfeffer.

«Israel no está registrado a vuestro nombre en el catastro», reprendía hace unos días en el Parlamento el ministro de Finanzas Yair Lapid a los partidos ultraconservadores que, por primera vez en muchos años, han quedado fuera del Gobierno. El trato preferente que los seguidores de esta minoría han disfrutado durante décadas -sus miembros, por ejemplo, están exentos de realizar la mili- empieza a tener fecha de caducidad, como demostraba esta semana un proyecto de ley por el que las escuelas que siguen esta doctrina podrían ver mermado su presupuesto a la mitad si no incluye asignaturas básicas como las matemáticas. Una auténtica revolución contra el ‘statu quo’ que dicta la tradición ultraortodoxa, a la que no pertenecen la mayoría de los israelíes, y a la que las Mujeres del Muro han contribuido con su particular lucha de ‘liberación’.

 

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