Retrato de la mujer que “eternizó” a Pinochet en el poder, frívola y tirana

“Doña Lucía, biografía no autorizada”, sondea la figura de Lucía Hiriart, esposa del dictador. Arribista, adicta a los diseños de Chanel y al tea time la mujer más poderosa de Chile durante la dictadura es expuesta por la periodista Alejandra Matus, que en esta entrevista repasa hechos cotidianos y rol histórico.

PORTADA. Pinochet e Hiriart, en la imagen que ilustra la tapa del libro.

PORTADA. Pinochet e Hiriart, en la imagen que ilustra la tapa del libro.

Por Carolina Gómez Rojas N. 12.11.2013. Clarin.com. ¡Poca cosa!, ¡Milico! ¡Nunca vamos a salir de este hoyo! Son los insultos que Lucía profería a Augusto Pinochet, antes de todo, del golpe de Estado y de los privilegios de reina que llegó a tener en dictadura. Él, cabizbajo, soportaba cada una de las recriminaciones. Ese hogar en Antofagasta era lo más parecido a un infierno.  Ya tenían cinco hijos, no había servicio, viajes ni joyas, una vida asfixiante para ella. La casa rechinaba, el hedor de pañales sin lavar inundaba el hogar, mientras Pinochet hacía hora en alguna plaza o no salía de su estudio hasta que ella dejara de gritar. No se soportaban. Desde entonces, esas ganas de Lucía de llegar a ser alguien importante en la sociedad, era sólo un escozor en el vientre, tal vez lo que llamamos rabia, ese monstruo latente al que dio rienda suelta ya instalada en el poder.

Alejandra Matus, periodista y escritora, autora entre otros de El libro negro de la justicia chilena- que terminó con dos años de exilio en Estados Unidos- quiso traspasar la barrera de la caricatura de esta mujer arribista adicta a los diseños de Chanel, a decorar sus mansiones y al tea time. Matus se dio cuenta que no había una biografía que narrara la historia de Hirirat, desde su infancia hasta que ostentó el lugar de primera dama, y que tampoco se hablaba de ella como la estratega política, la del poder en las sombras.

El trabajo se nutre de varias entrevistas a personajes cercanos a los Pinochet. De allí nació “Doña Lucía, la biografía no autorizada” (Ediciones B) que se presentó el viernes en la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) a salla llena. Aquí, la investigadora, como en el caso de otros personajes similares, cree que la vileza no es una característica con la que se nace, sino que se forma en un camino sinuoso de frustraciones.

“Por matriz ideológica, ella no era una mujer de derecha, su familia, su padre y sus tíos fueron representantes de profundas convicciones democráticas, antimilitaristas y laicos (…) Ella actúa como esposa buscando su bienestar y el de su familia aplicando esta conducta que ha sido estimulada históricamente en las mujeres que más allá de las convicciones, lo primero es asegurar lo económico y, en el caso de ella, el acceso a un lugar de prominencia en la sociedad”, remata  la periodista para Ñ.

-Las mujeres como Mariana Callejas (esposa de Michael Townley) o las integrantes de la DINA fueron más crueles que los propios hombres. ¿Cuánta injerencia tuvo Lucía en el golpe de Estado y la posterior represión? 

-Ella fue implacable, arbitraria y poco compasiva, sin embargo no creo que sea tan distinta a la mayoría de las mujeres chilenas, la dictadura se sustentó y tuvo un importante apoyo femenino. Así como tenemos figuras heroicas de mujeres como Carmen Hertz, que la puedo nombrar como la antitesis de Lucía, también tenemos a muchas “Lucías” y creo que la mayoría de las chilenas tenemos en nuestro repertorio a las dos. Ella fue importante para que Pinochet traicionara a sus camaradas, aceptando la muerte de gente cercana, la tortura de familiares y hasta el exilio de su propia prima. Por otro lado, Manuel Contreras fue el hábil, protector y manipulador del temor que ella tenía a que le pasaran la cuenta. Sin él se sentía vulnerable. Para ella fue inaceptable que Pinochet sacara a Contreras y se fue de la casa, dispuesta a romper su matrimonio.

-Un tema que aparece en el libro es que ella, pese a su discurso sobre la familia y la maternidad,  fue una madre poco atenta.

-Es una de sus contradicciones, porque Lucía asumió en dictadura el discurso de formar a las mujeres para el cuidado del hogar y de los hijos en su Corporación Cema. No le gustaba cocinar, ni los hijos y  fue una madre poco aprensiva, incluso sufrió una depresión bastante severa en algún momento. Se sabe que cuando llegó al poder traspasó esas labores a los escoltas y esos niños crecieron criados por el servicio de la casa, y en esa costumbre que la maternidad no se comparte con el padre, ninguno de los dos se quedó a cuidar de ellos.

-¿En el libro se aborda  su estrecha relación con Margaret Thatcher?

-Aparece la carta de condolencias que mandó Lucía a David Cameron, allí menciona la amistad y la condición de aliados que tenían con su esposo, sobre todo en el caso de la guerra de Las Malvinas y que luego ese apoyo se devuelve durante la detención de Pinochet en Londres y su visita en Virginia Water. Ella la admiraba  por su elegancia y esa costumbre del tea time.

– Sabemos que la más conocida de las amantes de Pinochet fue Piedad Noé. ¿Cómo reaccionaba Lucía frente a  las constantes infidelidades de su marido? 
-Pinochet era un hombre infiel y en el poder lo fue aún más, podía tener tres amantes: una en Arica, otra en Concepción y otra en Punta Arenas, donde los escoltas eran sus aliados y también se le proveía de mujeres, un hombre importante en esas operaciones fue Álvaro Corbalán (ex jefe de la CNI). Ella se lo tomaba pésimo, no es una mujer sumisa y como no podía castigar a su marido, en dictadura castigaba cualquier caso que llegara a sus oídos. Ella tomaba acciones desde destituir a ministros a oficiales infieles, sin importar el cargo o cercanía con esa persona.

LA CAIDA
A sus 90 años Lucía ya no vive en la majestuosidad que amaba, y aunque no tiene un mal pasar, lo que ha perdido es algo que valoraba mucho más: el respeto. La derecha chilena se desmarcó de la familia. Ocasionalmente sólo la visita algún hijo o nieto, y de los leales quedan unos pocos, algún diputado fanático o el ex presidente de la Fundación Pinochet. Ya no hay séquitos. La anciana deambula sola como un espectro en los tres mil metros cuadrados de su casa en uno de los barrios más caros de Chile. En el libro además se menciona el ‘Caso Riggs’, y las 25 propiedades que se le incautaron y que Lucía podría recuperar en algún momento. “Pese a todo, esta familia y sus herederos nunca vivirán en la pobreza”, concluye la periodista.

-Con todo ese apego a la adulación. ¿Cómo vivió Lucía la detención en Londres con un Pinochet sin poder y enfermo?

– Ahí se produce la infeliz coincidencia de que no sólo lo detienen sino que se desmorona, está sensible y llorón, se enferma de vejez.. Nada que lo inhabilite para enfrentar los cargos, pero se pone dependiente de ella. Lucía lo empieza a insultar “este viejo enfermo y sin poder”, dice, y pierde todo respeto por él. Entregarse, para ella no es fácil,  sólo quiere recibir, no es capaz de hacerse cargo de otro.

-¿Ella alguna vez se puso en el lugar de las mujeres de los detenidos desaparecidos?

-No hay registros, pese a que no me dio ninguna entrevista y no lo puedo decir con tal propiedad, no hay nada que demuestre la más mínima empatía con las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos. Ella dio una entrevista el 2003, donde dice que aquí hubo una guerra y que quiénes murieron fueron producto de esa guerra y podrían haber sido más.

– Conocemos a la Lucía Hiriart frívola y tirana. ¿Hubo alguna otra arista de su personalidad que te sorprendiera durante la investigación? 

-Ella tenía una faceta compasiva y tiene inteligencia política, Pinochet no se hubiese mantenido 17 años en el poder sin Lucía. Por otra parte, ella desarrolló una labor social, aunque no demostró convicciones democráticas si las tuvo de hacerse cargo de los pobres y que fue el brazo de apoyo popular que tuvo la dictadura. También, cuando ella decidía que alguien gozara de su protección, esa persona estaba segura. Al final no se puede separar su figura de la de Pinochet, Lucía fue quien lo empujó a traicionar, a la perpetuación del poder y la represión que ella validó.

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