Ofensiva contra efectos secundarios de la menopausia

“En el departamento de más vale tarde que nunca, el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos ha revisado y corregido sus normas para el tratamiento efectivo de los síntomas de la menopausia”

Foto: Archivo particular D.C.

Foto: Archivo particular D.C.

Por Jane E. Brody. 23.02.2014. The New York Time. Publicado como un boletín de práctica para médicos bajo el título “Control de Síntomas Menopáusicos”, estas nuevas normas reconocen que hasta tres cuartos de las mujeres en Estados Unidos experimentan inquietantes efectos cuando sus cuerpos dejan de producir estrógeno debido a la menopausia natural o inducida médicamente. El documento aborda las consecuencias inquietantes más comunes: bochornos y atrofia vaginal.

Los bochornos pueden prolongarse durante meses o incluso décadas, pero los problemas vaginales, si no se atienden, persisten durante el resto de la vida de la mujer.

Los bochornos pueden causar sudoración profusa, a veces a un grado embarazoso, así como interrumpir el sueño noche tras noche. La atrofia vaginal y la pérdida de lubricación y elasticidad pueden volver dolorosos los encuentros sexuales, deprimir la libido y causar irritación y sangrado durante el ejercicio.

Usted pudiera pensar que el tratamiento estándar sería administrar las hormonas que las mujeres menopáusicas están perdiendo. De hecho, los suplementos de estrógeno fueron una práctica común durante varias décadas, y no solo porque reducían síntomas de la menopausia. El estrógeno se promueve ampliamente como una forma de proteger la salud de la mujer y de que se siga viendo y sintiendo bien hasta ya entrada la edad mayor.

Pero en 2002, un gran estudio clínico llamado Iniciativa de Salud Femenina arrojó que la forma más popular de reemplazo de hormonas, píldora que combinaba estrógeno con progesterona sintética, llamado Prempro, incrementaba en mujeres el riesgo de enfermedad cardiaca, cáncer de mama, embolia y coágulos de sangre.

Los resultados intensamente publicitados opacaron la terapia hormonal de manera general. Los inesperados hallazgos impulsaron a millones de mujeres de edad madura y mayores a dejar de usar las hormonas e impidió que muchas más empezaran a tomarlas.

Aun cuando la gran mayoría de los 16,608 participantes en el estudio eran mujeres mayores que habían superado la menopausia largo tiempo atrás, los hallazgos fueron interpretados ampliamente para aplicarse a todas las mujeres que atraviesan por la menopausia, incluso mujeres más jóvenes que apenas se aproximan al final de sus años fértiles.

Después, prosiguió una frenética experimentación a medida que facultativos, laboratorios farmacéuticos y las mismas mujeres buscaban alternativas efectivas al reemplazo hormonal. Se promovieron diversos remedios que no involucraban hormonas, desde alimentos de soya y cohosh negro o planta de la mujer, hasta ejercicio y acupuntura. Cada uno tenía sus defensores, pero todos carecían de rigurosa evidencia científica de su efectividad.
El nuevo boletín, preparado por la Dra. Clarisa R. Gracia, catedrática adjunta de gineco-obstetricia en la Universidad de Pensilvania, estudia los diversos alegatos y veintenas de estudios. Además, éste ofrece recomendaciones de tratamiento con base en la mejor evidencia disponible para preservar la salud y bienestar de mujeres experimentando síntomas menopáusicos.

En una entrevista, Gracia reconoció que “existe un fuerte efecto placebo” cuando las mujeres prueban uno u otro remedio sugerido para aflicción menopáusica. Sin embargo, la mayoría de las mujeres obtiene mejores resultados cuando sus médicos ofrecen remedios cuya efectividad se ha demostrado en estudios bien diseñados.

Como usted pudiera suponer, el solo estrógeno, o en combinación con progesterona natural o sintética (progestina) para mujeres que aún tienen útero, es la terapia más efectiva para reducir los bochornos, leía el informe.

“Los datos respaldan el uso de medicamentos únicamente con progestina, testosterona u hormonas bioidénticas compuestas”, se agregaba en el documento. El estrógeno con o sin progestina puede ser administrado oralmente o a través de la piel con un parche, gel o aerosol. La ruta transdermal es considerada más segura: cuando se absorben a través de la piel, las hormonas pasan de largo el hígado, que de lo contrario crearía sustancias que pudieran elevar el riesgo de paro cardiaco o cáncer.

El informe hace énfasis en que el tratamiento con hormonas debe individualizarse y que los médicos deberían recetar la dosis efectiva más baja y durante el periodo más corto que haga falta para aliviar los bochornos. Pero, debido a que algunas mujeres pudieran necesitar terapia hormonal para controlar dicho bochornos incluso en sus años del programa Medicare, las normas recomiendan “que no se interrumpa de manera rutinaria el estrógeno sistémico a los 65 años”.

El reemplazo de hormonas pude ser riesgoso para algunas mujeres, particularmente aquellas que han tenido cáncer de mama. Las alternativas que han demostrado su utilidad incluyen bajas dosis de antidepresivos conocidos como inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS), como el Paxil, e inhibidores de recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSN), como Pristiq. La clonidina, medicamento para la presión arterial, y la gabapentina, anticonvulsivo, también pudieran ser de utilidad, aunque ninguna está aprobada por la Administración de Fármacos y Alimento de EU, la FDA, para el tratamiento de la menopausia.

El informe arrojó pocos o ningún dato que respalde el uso de remedios herbales, vitaminas, fitoestrógenos (como isoflavones, soya y clavo rojo) ni acupuntura para aliviar los bochornos. Sí recomendaba “soluciones de sentido común en el estilo de vida”, como vestirse en capas, bajar la temperatura de las habitaciones, consumir bebidas frescas, así como evitar el alcohol y la cafeína. Para mujeres pasadas de peso y obesas, la pérdida de peso también puede contribuir.

Al igual que con los bochornos, los síntomas vaginales responden mejor a la terapia con estrógeno, la cual puede administrarse a través de la boca o la piel o localmente con una crema, tableta o anillo. Incluso una tableta vaginal de baja dosis con 10 microgramos de estradiol mejora los síntomas, se destacaba en el informe.

Al principio, los tratamientos vaginales de dosis baja son administrados a diario durante una o dos semanas, después una o dos veces por semana de manera indefinida como terapia de mantenimiento.

Debido a que pequeñas cantidades de estrógeno empleado vaginalmente pueden entrar a la circulación general, se aconseja a las mujeres que han tenido cáncer de mama susceptible a hormonas que primero prueben remedios no-hormonales.

Muchas mujeres experimentan síntomas de alivio con lubricantes y humectantes preparados con agua o silicón. Los lubricantes, aplicados justo antes de tener relaciones sexuales, pueden reducir la fricción y el dolor causado por la resequedad. Los humectantes son usados normalmente para aliviar la resequedad, comezón, irritación y dolor así como para mejorar la elasticidad.

El año pasado, la FDA aprobó Osphena (ospemifeno) para tratar la atrofia vaginal relacionada con la menopausia. El fármaco, tomado oralmente una vez al día, es un modulador selectivo de receptores de estrógeno que tiene efectos similares al estrógeno en la vagina.

Sin embargo, Osphena, de igual forma, puede promover el crecimiento del endometrio. No se recomienda para mujeres que han tenido cáncer de mama, como tampoco se diseñó para uso a largo plazo.

 

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