En las relaciones nadie cambia al otro, pero alguien debe ceder

Con frecuencia, las parejas acuden a crítica y acusaciones permanentes para buscar las soluciones

Algunas actitudes, sentimientos y creencias en la pareja se pueden cambiar para que esta avance.

Algunas actitudes, sentimientos y creencias en la pareja se pueden cambiar para que esta avance.

María Elena López, El Tiempo.com abril 2014. Existe una tendencia en las parejas a querer cambiar algo en el otro o a no admitir que es cada uno quien debe revisar ciertas actitudes.

Esta práctica se convierte en una forma de evadir los problemas sin que se puedan identificar las verdaderas causas de los mismos.

Es más, con frecuencia se acude a la crítica, a los juicios y las acusaciones permanentes para explicar los conflictos internos o para pensar en una manera de solucionarlos. “Si fueras más amable”, “si no gritaras tanto”, “tú siempre empiezas la pelea”, “tú nunca me ayudas”, “no sé por qué no puedes entender lo que me pasa” son frases que acompañan el manejo de situaciones cotidianas.

Este error recurrente para manejar los conflictos hace que muchas veces las parejas se instalen en círculos viciosos de culpa, rabia, reclamos y otras actitudes negativas que no llevan a solucionar los problemas realmente, y que sí resultan ser agresiones profundas en algunos casos y, en otros, en confrontaciones que se van acumulando y pueden llevar a reacciones violentas o afectar seriamente la relación.

Responsabilizar al otro por los problemas comunes y centrarse en buscar sus errores se convierte en muchos casos en una reacción casi inconsciente de las personas ante escenarios difíciles que causan dolor.

Las expectativas

Son muchas las razones que pueden llevar a algún miembro de la pareja, o a ambos, a adjudicar culpas en el otro como forma de resolver sus conflictos. Por ejemplo, está la incapacidad de volver sobre sí mismo y reflexionar sobre el papel de cada uno en las situaciones conflictivas. También puede deberse a una forma de huir de las propias emociones, muchas veces por miedo a enfrentarlas y tener que resolver los conflictos internos.

Otras veces esto obedece a que no sabemos cómo dialogar con el otro cuando tenemos divergencias y simplemente determinamos que está equivocado, o porque existe una actitud egocéntrica que no permite ver la perspectiva de la pareja ni entender que se puede llegar a soluciones concertadas.

Aun cuando exista una conciencia de la responsabilidad de cada uno, sucede con frecuencia que se esperan resultados inmediatos de parte y parte, sin tener en cuenta que los conflictos no se resuelven en un instante.

No siempre se generan cambios positivos aunque se haya hecho el esfuerzo de modificar algunas actitudes. Esto puede generar desesperanza y reafirmar la convicción de que definitivamente es el otro quien hace que la situación de la pareja se torne difícil.

Generar cambios importantes para mejorar las situaciones difíciles implica una voluntad mutua. Cada uno debe emprender acciones en favor del otro y de la relación. Así, lo que resulta productivo es que, por un lado, quien piensa que es la pareja quien siempre tiene la responsabilidad revise su propio comportamiento, sus reacciones, la manera como enfrenta las dificultades y, sobre todo, identifique cuáles son sus propias expectativas y creencias con respecto a la relación. Hacerlo aumenta las probabilidades de que el otro cambie, pero principalmente genera más tranquilidad, lo que, a su vez, es un insumo positivo para mantener la relación equilibrada.

De otra parte, quien se siente juzgado debe aceptar que cambiar algunas cosas no implica dejar de ser él mismo para darle gusto al otro. Hacer cambios en sí mismo es también un reto. Entender que cada uno tiene cierta responsabilidad en los conflictos de pareja no significa irse al caso extremo, donde se asume pasivamente la culpa, se cede ante todo y se acepta un compromiso unilateral por resolver el conflicto que va en contra del propio bienestar.

Un esfuerzo mutuo

Entender que la pareja es un mundo inmenso, donde existen grandes satisfacciones, pero también donde se generan conflictos. Los desacuerdos y los altercados hacen parte de la convivencia.

Aceptar al otro como es también es un acto de amor.

Enfrentar las situaciones conflictivas. Muchas veces estas se dejan pasar y no se solucionan a tiempo, ni de forma oportuna, inteligente y empática.

Revisar las expectativas que se tienen sobre la vida en pareja. Cuando se tiene claridad sobre lo que se espera, se generan cambios que favorecen a ambos miembros de la pareja.

Revisar la interpretación que hacemos de los problemas. No siempre las dificultades son graves o requieren cambios drásticos y definitivos.

MARÍA ELENA LÓPEZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Anuncios

  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: