Las niñas niño de Afganistán

ISLA MUJERES. Cómo será la carga social de no tener un descendiente varón que muchas familias afganas prefieren aceptar la ilusión temporal de que sus hijas son niños. Para ello, les cortan el pelo y las visten como tales hasta la pubertad. Son las mujeres ‘bacha posh’, hijos inventados.

Niña de la colonia afgana que vive en un campo de refugiados de las afueras de Islamabad pakistan/ AP

Niña de la colonia afgana que vive en un campo de refugiados de las afueras de Islamabad pakistan/ AP

Itsaso Álvarez, 20.05.2014. El Correo.com. En algunas zonas de Afganistán, cuando en las familias no nacen hijos varones, agobiados por el propio aislamiento al que se somete a las niñas y a las mujeres, muchos padres deciden disfrazar con ropas y corte de pelo de varón desde muy pequeñas a una de ellas, normalmente a la hija mayor. Es una figura reconocida en la sociedad de este país que permiten mirando para otro lado, hasta que llegan a la adolescencia (sobre los 16 años aproximadamente) y que recibe el nombre de ‘bacha posh’, vestida como un niño en lenguaje Dari.

En ese momento, tanto la familia como la sociedad decide que ya no deben seguir haciendo de varones ni disfrutando de formación y libertad de movimientos y las presionan para que vuelvan a vestirse y comportarse como mujeres: volver al hogar, preparar para casarse y tener hijos, para regresar a la invisibilidad y a la desesperanza de la desrealización personal más absoluta. A ellas nadie les pregunta y si lo hacen, apenas las apoyan. Algunas consiguen trabajos y las más afortunadas, escapan del país.

Mientras que los registros históricos son vagos en establecer desde hace cuánto tiempo existe esta práctica, se cree que antes de 1900 era posible encontrarla en algunas tribus del país. Al parecer, antes de tomar la decisión de disfrazar a una niña de niño, las madres piden a su Dios que les envíe un hijo varón. Si tras la concepción del parto nace una niña, la decisión está tomada.

Hace dos años, Azita Rafhat, una parlamentaria afgana se preguntaba en un documental de la BBC persa producido por el corresponsal de la BBC en Afganistán, Tahir Qadiry, ‘El problema con las niñas’, “por qué necesitamos dar a una chica la cara de un niño para darle libertad”. Sin embargo, ella misma había optado por criar a una de sus cuatro hijas como si fuera un chico. Aunque muy bien educada y con una carrera política de influencia, sucumbió a la percepción social dominante en Afganistán de que mientras no críes a un hombre, no eres nada.

“El ‘bacha posh’ ocupa un lugar intermedio en el que no es una hija pero tampoco un hijo”, explica la periodista musulmana Vanessa Rivera de la Fuente. “En la ausencia de hijos, la familia viste a una niña como tal, bajo la superstición de que tener un ‘bacha posh’ en la familia influirá en los deseos de la mujer por tener un hijo varón en un embarazo futuro”, añade. Como ‘bacha posh’, una chica tiene más posibilidades de ir a la escuela y de acompañar a sus hermanas en lugares públicos, como por ejemplo el mercado.

Así, a estas niñas se les permite jugar en la calle y tienen todas las libertades que a las niñas y mujeres de Afganistán les son negadas. Los líderes religiosos hacen la vista gorda ante esta situación y las familias parecen aceptar este estado colectivo de suspensión de la realidad que significa disfrazar el género de un ser humano. ¿Como será la carga social de no tener un hijo varón que la gente prefiere aceptar esta ilusión temporal? Algunas ‘bacha posh’ han asegurado que ser criada como a un niño aumentó su autoestima en la infancia y les sirvió para volverse mujeres independientes con un trabajo y vidas satisfactorias. No obstante, el documental ‘El problema con las niñas’ muestra el daño psicológico causado por este delirio: “Si mis padres me obligan a casarme, yo compensaré la tristeza de las mujeres de Afganistán y golpearé a mi marido tanto que él me llevará a la corte cada día”, advierte Elaha en el reportaje, que vivió como niño durante dos décadas y sólo lo dejo porque tenia que ir a la universidad para estudiar derecho.

La exparlamentaria Azita Rafhat, una de las 68 mujeres del parlamento de 249 escaños en Afganistán, es la segunda esposa de un hombre que se casó con ella porque su primera esposa no podía tener hijos. Confiesa que como tuvo solo hijas, el miedo de ser abandonada o de que su marido tomara otra esposa la llevó a hacer eso. Fue una decisión forzada motivada por la inseguridad ante el abandono y la idea de que sin un marido, la mujer no es nada. Y la menor de sus hijas es la víctima de la situación. “¿Quieres verte como un niño y vestirte como niño, y hacer cosas más divertidas como las que hacen los niños, como andar en bicicleta, y jugar fútbol y críquet? ¿Y te gustaría ser como tu padre?”, le preguntaron sus padres, relata Jenny Nordberg para ‘The New York Times’. Mehran no dudó en decir que sí. A diferencia de sus hermanas mayores, pantalones verdes, camisa blanca, corbata para ir a la escuela. Nada de vestidos negros ni mascadas en la cabeza. Es verdad que juega en la calle con otros niños, una libertad insólita para las niñas en una sociedad que separa a los hombres de las mujeres. Vive en un limbo entre los dos sexos. Tiene el pelo muy corto y se hace llamar Manoush, que suena más a nombre de niño. Manoush cara de niña, vestida de niño por necesidad. De mayor llevará burka.

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