Barbara Walters: la periodista del millón de dólares

Considerada la periodista más famosa del mundo, se retiró de la televisión a los 84 años.

Archivo particular ElTiempo

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Guido Hoyos, El Tiempo.com. 06.2014.  Barbara Walters es una mujer de récords: fue la primera presentadora de las noticias de la noche en Estados Unidos con un sueldo anual de un millón de dólares; logró el rating más alto de la historia en una entrevista cuando confesó a Mónica Lewinsky; ha entrevistado a todos los presidentes estadounidenses desde Richard Nixon y a los líderes más importantes del mundo; el edificio de Noticias ABC en Manhattan lleva su nombre, y es la periodista que más ha hecho llorar a sus invitados.

Cuando se despidió hace unos días después de 53 años sin parar, solo dijo hasta luego en su programa The View. No quiso decir adiós porque sabe que si el Papa o la reina Isabel por fin aceptan hablar con ella, volvería a su hábito favorito: entrevistar.

Un oficio en el que terminó, como dice ella, “por accidente”, pues después de graduarse en literatura inglesa del Sarah Lawrence College, en 1951, trabajó en publicidad, en relaciones públicas y como escritora de un canal local de Nueva York. Pero detrás de las cámaras.

“No tuve alternativa; no era la mujer casada de la época. Me tocó trabajar, y por eso estoy aquí”, ha dicho sobre sus inicios. Barbara tuvo razones. Su padre, dueño del club nocturno Latin Quarter, de Nueva York, perdió todo. Su madre era ama de casa, y su hermana mayor nació con deficiencia mental.

Su experiencia en la pantalla solo empezó a contar en 1961, cuando entró al canal NBC como escritora y reportera temporal. Al comienzo cubrió desfiles de moda en París, viajó con la primera dama Jackeline Kennedy a la India y se vistió de conejita de Playboy para un reportaje.

Luego sucedió el “accidente” que la puso en la pantalla. En ese entonces, la presentadora del programa matutino Today era solo la ‘Chica Today’, a cargo de temas ligeros. En 1963, la coyuntura política dejó sin base a la ‘chica’ del momento y fue despedida. Barbara la reemplazó inicialmente por 13 semanas, y al final trabajó allí por 13 años.

Pero no fue considerada oficialmente presentadora, no obstante ser la única mujer comentarista de noticias en todo el país. En 1971, el machismo televisivo le dio otro golpe cuando Frank McGee, su nuevo compañero de set en Today, le exigió a NBC que en entrevistas conjuntas Walters debía esperar a que él hiciera las tres primeras preguntas.

Kissinger: el primero

Barbara, entonces de 42 años, buscó la manera de hacer lo suyo. “Empecé a hacer entrevistas fuera del estudio; nadie me controlaba, me sentaba a llamar y a enviar cartas para convencer a los personajes, y en ese tiempo logré mi primera gran entrevista con Henry Kissinger”, contó en distintas ocasiones.

En 1976 tuvo un giro histórico cuando se convirtió en la periodista mejor pagada del mundo. El canal ABC se la llevó como presentadora del noticiero de la noche, un puesto que en EE. UU. significa estar en las grandes ligas del periodismo. Y en temas de noticias, nadie pensaba que una mujer pudiera ser una prestigiosa anchor. Allí compartió set con Harry Reasoner, que nunca la consideró necesaria a su lado.

Su cambio de canal fue noticia pero por su sueldo: un millón de dólares anuales. Mientras la revista Time calificó la contratación del “más lejano avance de las mujeres en televisión”, a Walter Cronkite, leyenda del periodismo en CBS, el salario para alguien sin méritos le pareció repugnante. No fue un buen augurio, pues la dupla con Reasoner fue un desastre y la falta de química espantó a la audiencia.

“Fui un fracaso”, dice Walters, que después de dos sufridos años encontró su salvación en otro programa: Barbara Walters Specials. En este espacio empezó a pulir su oficio de entrevistadora, consolidó su reputación de periodista hábil para moverse en los círculos políticos, adquirió poder y un halo de celebridad, pues fue la primera que corrió el riesgo de tener un día a un presidente y al siguiente a una estrella de Hollywood.

Sus entrevistas fueron un banquillo sutil donde entrevisitaba políticos, confesaba celebridades, arrinconaba con elegancia a dictadores y les sacaba lágrimas a sus personajes. Luego, más segura y cómoda en ABC, entró como conductora del famoso magazín periodístico 20/20, donde también producía Los 10 personajes más fascinantes del año y una edición especial de los premios Óscar.

Su lista de entrevistados es extensa, impresionante y hasta polémica, como cuando habló con el asesino de John Lennon. Con sus invitados ha movido fichas con astucia, mientras se especula su simpatía por el partido republicano y, al tiempo, su gran admiración por los Clinton y los Obama.

Castro, Putin, Chávez…

De las entrevistas con líderes mundiales, siente un orgullo especial por la que les hizo al presidente egipcio Anwar Sadat y al primer ministro israelí Menachem Begin, en 1977, a quienes sentó juntos durante las negociaciones de paz. Ese mismo año habló con Fidel Castro en Cuba, donde estuvo diez días y, aunque lo niega, dicen que entre ellos hubo más que una charla.

Entrevistó entre otros a Margaret Thatcher, Muamar Gadafi, el Sha de Irán Mohamad Reza Pahlavi, Boris Yeltsin, el Dalai Lama, Vladimir Putin, Hugo Chávez y el presidente sirio Baschar al-Assad.

Son pocas las celebridades que están fuera de la lista. Hollywood estuvo rendido a sus pies. Entrevistó desde leyendas desde John Wayne y Bette Davis hasta Justin Bieber y las Kardashians. Una histórica fue con Katharine Hepburn, a quien le preguntó “¿qué tipo de árbol le gustaría ser?, algo que la convirtió en objeto de burlas y frente a lo que reconoció, años más tarde, que fue uno de sus mayores errores.

Esas estrellas fueron las que le dieron también la fama de periodista “lacrimógena”. Algunos de los más recordados por su llanto frente a la cámara son Ellen Degeneres, Ringo Star, Patrick Swayze, Oprah Winfrey, Courtney Love, Elton John, Goldie Hawn, Joan Rivers y el nadador Greg Louganis.

Y claro, hubo muchas lágrimas en la más famosa de sus entrevistas, la de Mónica Lewinsky. Después del escándalo del romance entre el presidente Bill Clinton y su practicante, Walters la convenció de contar su versión de la historia, y con astucia les ganó la exclusiva a los que le ofrecían varios millones de dólares a Lewinsky. El resultado fueron dos horas con la confesión íntima más vista en la historia: 74 millones de televidentes. Un recórd todavía imbatido.

Con trayectoria suficiente y en vez de pensar en retirarse, creó en 1997 el programa The View, donde ella y cuatro mujeres tocaban temas de actualidad, con puntos de vista opuestos, entrevistas y dirigido al público femenino de la mañana. En este show, Barbara anunció hace un año su retiro, y allí se despidió el mes pasado, rodeada de colegas. “Este es mi legado”, dijo señalando a las más famosas presentadoras de la televisión estadounidense que llegaron de sorpresa.

Para Walters no será fácil dejar de trabajar. Fue parte de la evolución de los medios, pero fiel a la vieja escuela. Quienes la conocen dicen que siempre hizo la tarea. Investigaba, llamaba, mandaba cartas personales solicitando entrevistas, leía hasta cuatro periódicos al día y escribía cientos de preguntas en fichas que organizaba meticulosamente hasta encontrar el orden ideal de la entrevista.

Su profesión fue todo y por eso su vida personal es más simple. Se casó tres veces –dos con el mismo hombre–, perdió tres bebés y al final adoptó una niña. “No creo que fui buena en el matrimonio. Mi carrera fue muy importante. De pronto seré una persona complicada y parece ser que es mejor estar sola. Pero no soy solitaria, estoy sola”, dijo en el programa especial de dos horas donde contó su vida.

Nadie volvió a hablar de su salario, que hace años superó los doce millones de dólares, un sueldo normal entre los presentadores-celebridades de hoy. “No fui esa clase de persona de la que alguien pensara que triunfaría. Tenía mi gracioso acento de Boston, no podía pronunciar la erre y no era bonita. Parte de mi éxito fue suerte; estar en el momento preciso, trabajar duro, y si uno le gusta a la audiencia es lo mejor que le puede pasar”, dice ahora que se va de la televisión llevándose el título de la reina de las entrevistas.

Preguntas célebres

Barbara Walters no inventó una forma de entrevistar. Su secreto fue ser la primera en hablar con el personaje del momento y preguntarle todo, por atrevido que pareciera. Su estilo, ni muy fuerte ni muy suave, le permitía ganarse la confianza de su entrevistado y nunca le restaba seriedad a ningún tema sin temor a tocar los límites de la banalidad.

Para sus preguntas se ayudó con el cuestionario Proust y luego creó sus propios clichés. “He hecho preguntas que no siempre me hacen lucir brillante, pero no quiero pensar después en el debí preguntar”.

Algunas de las preguntas más usadas fueron: ¿cuál es su filosofía?, ¿cuál es la más grande percepción errónea sobre usted?, y ¿cuál ha sido el mejor o el peor momento de su vida? A estas hay que sumarles algunas irrepetibles.

—¿Cómo mantienen el fuego encendido? –a los Obama.

—Se dice en Estados Unidos que usted es inestable, que está loco…–a Muamar Gadafi.

—¿Por qué nunca se arregló la nariz? –a Barbra Streisand.

—¿Alguna vez ha ordenado asesinar a alguien? –a Vladimir Putin.

—Ustedes no actúan, no cantan, no bailan. Perdón, pero ustedes no tienen ningún talento… –a las Kardashian.

—¿Es el presidente Clinton apasionado? ¿Es buen besador? Alguna gente no sabe qué es sexo telefónico, ¿podría explicarlo mejor? Ha sido descrita como una acosadora y vampiresa. Descríbase usted misma –a Mónica Lewinsky.

GUIDO HOYOS
Para EL TIEMPO

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