Supermamás: el plan de Japón para reactivar la economía

El gobierno alienta a las mujeres a seguir en su trabajo y tener hijos

Por Jonathan Soble. Tokio. 07.01.2015. La Nación.com.ar.  Cuando estaba embarazada del primero de sus tres hijos, Chiaki Kitajima, ejecutiva de publicidad de Tokio, en vez de aceptar una reducción de su horario de trabajo y un descenso de categoría después de que diera a luz, hizo una presentación con las razones por las cuales la empresa tenía que subsidiar el cuidado y la atención de su hijo. Sus jefes se quedaron azorados.

“Tuve que luchar para convencerlos de que apoyar mi maternidad era una buena inversión”, dice Kitajima. La ejecutiva tiene ahora 47 años y es directora creativa de su propia agencia de publicidad, pero dice que en su rama profesional las mujeres que son madres son escasas.

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, tiene ahora intenciones de cambiar esa situación. Y dice tener la solución para los problemas que enfrenta la economía de Japón: las supermamás.

En estos días, el premier alentó a las mujeres japonesas a no renunciar a nada: una exitosa carrera e hijos; cuantos más, mejor. En un país donde conjugar trabajo y familia siempre fue especialmente difícil, Abe prometió facilitar las cosas para las mujeres como Kitajima a través de más subsidios para el cuidado de chicos y otras medidas destinadas a fomentar “una sociedad en la que todas las mujeres puedan brillar”.

Enfrentar el problema de la reducción poblacional y de la mano de obra alentando el trabajo femenino es parte de un esfuerzo más amplio para inyectar vitalidad a la economía, que muestra signos de creciente inestabilidad, sobre todo después de que Japón entrara en recesión, durante el último trimestre.

Las promesas del premier, sin embargo, serán difíciles de llevar a la práctica, dada la imbricación de ciertas normas sociales y corporativas. Si bien el porcentaje de mujeres que trabajan viene creciendo de manera sostenida -y actualmente excede los niveles de Estados Unidos-, las mujeres ganan significativamente menos que los hombres. Las madres, en especial, tienden a abandonar el mercado laboral.

Abe deberá enfrentar una afianzada cultura corporativa que premia los horarios de trabajo largos e inflexibles, que favorece a los hombres, y es más que improbable que el partido conservador del primer ministro se convierta en adalid del trabajo femenino.

Hace una década, uno de sus predecesores, Yoshiro Mori, dijo que las mujeres que postergaban la maternidad para trabajar disfrutaban egoístamente de una “libertad exultante”, dejando entrever que las mujeres sin hijos no debían tener derecho a las pensiones del Estado.

En septiembre, la jefa del FMI, Christine Lagarde, dijo que dar pasos significativos para achicar la brecha entre los géneros podía potenciar el crecimiento económico de Japón en un cuarto de punto porcentual. No es poco, en un país que promedió menos de un 1% de crecimiento en las últimas dos décadas.

“Japón sólo está usando a la mitad de su población, ¿así que cómo va a competir internacionalmente?, dijo Mikiko Fujiwara, ex banquera de inversiones que ahora coordina seminarios profesionales para mujeres trabajadoras en empresas. Fujiwara dice que la demanda de mujeres creció desde que Abe empezó a presionar a los ejecutivos de las corporaciones con su discurso de dar poder a las mujeres. “Antes creían que no era buena inversión capacitar específicamente a las mujeres, pero eso cambió.”

En ese sentido, el historial de Abe, hasta el momento, es desparejo. En septiembre pasado, nombró a cinco mujeres en su gabinete, el mayor porcentaje del que se tengan registros. Sin embargo, la mayoría pertenecía al ala socialmente más conservadora de su partido, que se opone a la causa feminista, como modificar la sucesión real exclusivamente masculina que rige en Japón, o permitir que los maridos y las esposas conserven sus respectivos apellidos de solteros.

Una de las primeras propuestas de Abe recibió fuertes críticas. Presentó un anteproyecto para extender la licencia por maternidad sin goce de sueldo hasta un máximo de tres años, una idea que parecía reflejar la creencia, antes muy extendida en Japón, de que las mujeres debían “estar apegadas a sus hijos” hasta que dejan de ser bebes.

Los objetivos de Abe son ambiciosos: reflotar una antigua y casi olvidada meta de hace una década que proponía que las mujeres ocuparan el 30% de los “puestos de supervisores” en las empresas y el gobierno, y cumplirlo para el año 2020. También está presionando a las empresas que cotizan en bolsa para que nombren a por lo menos una mujer dentro de sus directorios.

Algunas empresas tomaron la iniciativa, terminando con la estricta división que en Japón limita las oportunidades de ascenso para el personal administrativo y otros puestos “no profesionales”, un grupo integrado mayoritariamente por mujeres.

Traducción de Jaime Arrambide.

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