Grecia, el Olimpo de la desigualdad

GreciaHector Estepa. Atenas, 16.02.2015. El Mundo.es. A pocos metros del Parlamento griego se encuentra el Ministerio de Economía. Nadie lo diría, a juzgar por las tiendas de campaña, las decenas de pancartas hechas a mano y los grafitis que decoran los bajos del destartalado edificio, de corte soviético. Allí acampan desde hace meses las mujeres de la limpieza despedidas del sector público. Son heroínas de la resistencia contra los recortes impuestos desde hace cuatro años por la Troika de acreedores, malditos para muchos helenos, a cambio de un rescate de 240.000 millones de euros.

El paradigma de Grecia dio un giro de 180º a finales de enero, cuando los izquierdistas radicales de Syriza, comandados por el popular Alexis Tsipras, llegaron al poder. Una de sus primeras decisiones fue restituir el empleo a estas limpiadoras.

El salario de la mujer es un 24% menor que el de un hombre.

Para Sissy Vovou, una de las líderes del Movimiento Autónomo de Mujeres, la victoria de Syriza supuso el comienzo de una época: «Es una gran esperanza para conseguir cambios económicos y sociales», aseguraba la popular feminista mientras repartía comida a las acampadas en los bajos del ministerio.

Pero su alegría se borró unas horas después cuando Tsipras decidió no nombrar a ninguna mujer como ministra. Solo seis se encuentran entre los 39 altos cargos de la Administración. «Es muy triste. Podíamos esperar un desenlace malo, pero no tanto. Supone una discriminación muy grande», comenta desencantada la enjuta Vovou, de pelo corto rizado y vestir despreocupado, mientras debate con las limpiadoras en el centro de Atenas. No es algo nuevo: en la anterior legislatura conservadora solo hubo una ministra. Para escarnio del movimiento de mujeres, ahora sucede con un Gobierno de agenda progresista en igualdad de género.

A Vovou no puede reprochársele no haber luchado por sus ideas. Llegó a disputar el liderazgo de Syriza a Tsipras durante el congreso fundacional del partido, en 2013. «No atendía nuestras demandas y lo hicimos por una razón simbólica. Muchas en el partido no hablan dederechos femeninos porque rompe el consenso», rememora. Consiguió un 4,69% de los votos, una minucia si se compara con el 74% registrado por Tsipras. Pero logró hacerse oír.

Syriza supone, aun así, la formación que más mujeres aporta al Parlamento. Cuenta con 45 diputadas, un 30% de su representación en la cámara. El total entre todos los grupos políticos es de 70. Ellas representan el 23,33% del hemiciclo. En la anterior legislatura eran el 21%.

Las griegas dedican 38 horas semanales al hogar; ellos, nueve.

Un pequeño avance hacia la transformación en un Parlamento presidido ahora por una mujer de Syriza -ahí sí ha habido cambio- y donde se han dado graves casos de machismo. Un grupo de diputadas de todos los partidos denunciaron a principios de 2013 comentarios sexistas y actitudes humillantes de sus compañeros durante las reuniones parlamentarias. El pasado diciembre se produjo otro episodio vergonzante, cuando un diputado independiente olió el abrigo de una compañera mientras ella se encontraba fuera del escaño, ante las chanzas de sus compañeros. Uno había sido expulsado de Syriza meses antes tras declarar que se había acostado con media Atenas: «Cuando sucede eso en el Parlamento llega el escándalo, pero en la vida diaria se da constantemente y a la mujer anónima no se le presta el apoyo que merece. No está en la mente de los hombres decir que es incorrecto», lamenta Vovou. «Parece relativamente común que el jefe te quiera tocar si trabajas en una oficina. Muchas mujeres son forzadas a dejar su empleo y no lo denuncian. Los juicios son muy lentos, cuestan bastante dinero y, además, resulta difícil probar que no es un comportamiento provocado. Tenemos leyes muy progresistas, pero se aplican de forma deficiente», critica la feminista

Grecia ha conseguido grandes conquistas en igualdad de género en las últimas décadas, aunque queda mucho camino por recorrer. Buena parte de las reivindicaciones se centra en el ámbito económico. El salario de la mujer es un 24% menor, de media, que el de un hombre en idénticos puestos y horarios. Alrededor del 44% de la fuerza de trabajo es femenina. Las mayores diferencias se dan en el sector privado: «Las compañías no tienen planes de acción en igualdad. No intentan mantener un cierto número de mujeres en puestos directivos. Muchas de quienes los alcanzan lo hacen en empresas familiares por cuestiones de sangre», desvela Nelli Kambouri, investigadora del instituto Friedrich Ebert Stiftung.

El panorama es mejor en el sector público: ellas suponen un 46% del funcionariado y luchan por ocupar la cuota de un tercio de los puestos directivos que tienen reservados por ley europea. Las feministas destacan el proceso de armonización comunitario como el principal factor de dinamización de sus derechos sociales.

Seis años de recesión económica parecen haber empeorado las cosas. El país ha caído 33 puestos en el índice de igualdad de género del Foro Económico Mundial. Ocupa ahora la posición 91. Por debajo solo hay cuatro naciones de la UE: Hungría, la República Checa, Chipre y Malta. «Es especialmente preocupante su acceso a la salud. Gran parte de las pruebas médicas específicas de género, como las relativas al embarazo, son ahora de pago», lamenta Vovou. Quedarse encinta es un lujo: la media de edad de las primerizas alcanza los 31,38 años. Las mujeres también han tenido que volver a ocuparse de los ancianos. El deterioro económico ha supuesto un mazazo para muchas relaciones. Esposas o hijas que sufren malos tratos o parejas distanciadas no abandonan el hogar porque no tienen recurso alguno.

Sí se ha reducido, sin embargo, la brecha de desempleo. En 2008, con una tasa de paro del 8,5%, la diferencia entre hombre y mujer era de 6,4 puntos porcentuales. Ahora, con el paro disparado al 25,8%, el 29,2% de las mujeres se encuentra sin trabajo, pero la diferencia con los hombres es de 6,1 puntos. La crisis ha destruido sectores como la construcción, tradicionalmente masculinos. El pacto de austeridad ha supuesto, sin embargo, una precarización en las condiciones laborales femeninas. Un gran porcentaje de quienes laboran en el ámbito privado son autónomas y no tienen beneficios sociales. Muchas trabajan para una sola empresa.

El Defensor del Pueblo ha registrado un severo aumento de las denuncias por despidos o por la obligación de aceptar un cambio de contrato fijo a uno parcial antes o después de un embarazo: «El rol de la mujer hasta hace solo unas décadas era el de la persona que está detrás del hombre, cuida de los niños y de la casa. Cambiarlo toma tiempo», explica la soprano Sonia Theodoridou, destacando también el papel de la Iglesia Ortodoxa en la permanencia de esa forma de pensar. «Cuando comencé a cantar, mis padres me pidieron que lo dejase. No era para una mujer», añade.

Las helenas tampoco han logrado renegociar el reparto de roles en el hogar: Invierten 38 horas semanales en las labores domésticas, por nueve de los hombres. La adjudicación de papeles se manifiesta también en la educación universitaria. A pesar de que, en los últimos años, más del 60% de los licenciados han sido mujeres, la mayoría ha optado por carreras con pocas salidas laborales o que abocan a profesiones mal pagadas. En estudios relacionados con artes y humanidades representan más de dos tercios de los alumnos. En las ingenierías, menos del 25%.

El defensor del pueblo también ha registrado un aumento de la prostitución de hasta en un 1.500% durante la crisis: «Antes podías fregar escaleras, pero ahora no hay nada si quieres salir de ese mundo», explica Vovou, alertando del aumento del tráfico de personas. Y advierte de que seguirá luchando, dentro de Syriza, por los derechos de las griegas en el país más castigado por la crisis europea.

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