La igualdad sigue siendo un sueño para las mujeres de Nepal

Kali Sunar, de 25 años, apenas cosecha lo suficiente en su pequeña parcela de tierra para alimentar durante tres meses al año a su familia de seis personas. Crédito: Renu Kshetry / IPS

Kali Sunar, de 25 años, apenas cosecha lo suficiente en su pequeña parcela de tierra para alimentar durante tres meses al año a su familia de seis personas. Crédito: Renu Kshetry / IPS

Por Renu Kshetry. Katmandú  9.04.2015 (IPS) – Desde que se despierta hasta que se va a dormir, la principal inquietud de Kali Sunar, una mujer de 25 años en Dumpada, una aldea en el oeste de Nepal, es cómo podrá satisfacer las necesidades básicas de su familia.

Su pequeña parcela de tierra apenas produce los alimentos suficientes para su familia de seis personas durante tres meses al año. Su marido y su hermano viajan a la vecina India para trabajar como obreros, como miles más en este país sin salida al mar de 27,5 millones de habitantes.

“Las mujeres dirigentes tienen que elevarse por encima de las líneas del partido si realmente quieren incidir”: Usha Kala Rai.

“El dinero que envían no es suficiente porque más de la mitad se gasta en sus viajes de ida y vuelta. Si pudiera conseguir algún tipo de trabajo, sería un gran alivio”, señala Sunar a IPS.

Unos 23 millones de nepaleses, u 85 por ciento de la población, viven en zonas rurales, de los cuales 7,4 millones son mujeres en edad reproductiva. Muchas no recibieron educación formal, lo que explica la tasa de alfabetización femenina de 57,4 por ciento, comparada con la masculina, de 75 por ciento.

Fuentes expertas aseguran que, hasta que no alcancen la igualdad con los hombres, las mujeres como Sunar permanecerán atrapadas en sus vidas de pobreza.

Nepal firmó varios tratados internacionales que prometen la paridad de género, pero muchas de esas promesas se limitan al papel en el que están escritas.

Por ejemplo, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, que Nepal ratificó en 1991, establece que los Estados partes deben adoptar todas las medidas necesarias para evitar la exclusión de las mujeres o la violencia contra ellas. Lamentablemente, esa no es la realidad en este país.

Para la iniciativa Hackatón por la Violencia contra la Mujer, que nació en un encuentro de programadores informáticos realizado en Katmandú en 2013, la violencia de género es la principal causa de muerte entre las mujeres nepalesas de 19 a 44 años, más que la guerra, el cáncer o los accidentes automovilísticos.

La organización señala que “22 por ciento de las mujeres entre 15 y 49 años experimentaron violencia física al menos una vez desde los 15 años, 43 por ciento de las mujeres experimentaron acoso sexual en el lugar de trabajo, y entre 5.000 y 12.000 niñas y mujeres son víctimas de trata cada año”.

Aproximadamente 75 por ciento de estas últimas son menores de 18 años, y la mayoría son vendidas a la prostitución forzosa.

Los activistas de derechos humanos aseguran que el país también se burla sistemáticamente de su compromiso con la erradicación de la discriminación de género en el lugar de trabajo, en materia jurídica, y en numerosos ámbitos cívicos, económicos y sociales.

La constitución provisional de 2007, redactada para facilitar la transición de la monarquía a la república federal, tomó medidas para que las mujeres, y otros grupos de población marginados, participaran activamente en la política según el principio de representación proporcional.

En la elección de 2008 para la Asamblea Constituyente las mujeres ganaron 33 por ciento de los escaños en el parlamento de 601 legisladores.

Pero ese número se redujo a 30 por ciento en las elecciones de 2013, y las mujeres solo ocuparon 11,53 por ciento de los cargos en el gabinete ministerial.

Un informe de la organización no gubernamental Saathi, que hizo un seguimiento de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que exige a las partes de los conflictos armados que respeten los derechos de las mujeres, concluyó que la participación femenina en el poder judicial nepalés es apenas de 2,3 por ciento.

El mismo informe encontró que hay un 5,6 por ciento de mujeres en la Corte Suprema, 3,7 por ciento en los tribunales de apelación, ninguna en los tribunales especiales y 0,89 por ciento en los tribunales de distrito.

La representación femenina en los organismos de seguridad es más preocupante aún, según un estudio de 2012. El ejército solo tiene 1,6 por ciento de mujeres, la fuerza de policía armada un 3,7 por ciento y la policía común un 5,7 por ciento.

Solo en el sector de la salud las mujeres llegan a acercarse a sus pares masculinos, donde ocupan 4.887 de 13.936 puestos, o cerca de 36 por ciento del total.

Sin embargo, incluso ese número es bajo. Según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de mortalidad materna de Nepal asciende a 190 muertes cada 100.000 nacidos vivos. Solo 15 por ciento de las mujeres tienen acceso a centros de salud.

Datos de la Oficina Central de Estadísticas indican que las mujeres son propietarias de la tierra o la vivienda solo en 19,71 por ciento de los hogares.

Aunque la Organización Internacional del Trabajo indica que la tasa de participación laboral femenina de Nepal es superior a la de sus vecinos del sur de Asia, con un 80 por ciento, en comparación con 36 por ciento en Bangladesh, 27 por ciento en India, 32 por ciento en Sri Lanka y 24 por ciento en Pakistán, las mujeres que trabajan están agobiados por las actitudes sociales imperantes, que les imponen la labor doméstica, además de su empleo formal.

“Esto dificulta que las mujeres puedan desempeñarse” en su ámbito elegido “y tener un impacto”, explicó la legisladora Mahalaxmi Aryal.

Usha Kala Rai, una destacada activista feminista y política, reconoce que el país tiene muchos fundamentos jurídicos para remediar los problemas de las mujeres, pero afirma que rara vez se utilizan.

“Nos falta por completo la voluntad política y el compromiso de aplicar estas disposiciones legales”, aseguró Rai, que en el pasado integró la Asamblea Constituyente y es dirigente del gobernante Partido Comunista de Nepal (Unificado Marxista Leninista).

Rai reclamó un mayor número de mujeres en puestos de toma de decisiones, pero reconoce que aquellas que llegan a ocuparlos suelen proceder de la clase superior, con el privilegio añadido de haber recibido una buena educación, por lo cual no representan necesariamente a las nepalesas del resto del espectro socioeconómico.

La dirigente está a favor de un sistema de representación proporcional en todos los órganos del Estado, con una participación femenina basada en el 52 por ciento que las mujeres ocupan en la población del país.

“Las mujeres dirigentes tienen que elevarse por encima de las líneas del partido si en verdad quieren incidir”, exhortó.

Editado por Kanya D’Almeida / Traducido por Álvaro Queirugua

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