Brasil aprobó la ley del feminicidio pero sin consenso sobre si combatirá la violencia de género

Global Voices en Español. 15.04.2015. Un día después del Día Internacional de la Mujer, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, consiguió algo muy difícil: hacer discutir al país sobre la violencia de género a escala nacional. Con la Ley del Feminicidio, aprobada el día 9 de marzo, el asesinato de mujeres fruto de la violencia doméstica o de la discriminación por causa del sexo, pasa a ser un crimen atroz y a figurar en el Código Penal brasileño entre los tipos de homicidios calificados, mientras se endurecen las penas por los motivos y medios utilizados por quien lo ha cometido.

En sus páginas de Twitter y Facebook, la presidenta compara la violencia contra las mujeres con el racismo y la homofobia

Hay brasileños que ven la Ley del Feminicidio como una exageración y consideran excesivas las leyes que castigan a los racistas porque consideran que no hay racismo en Brasil; no ven razón para leyes que castiguen la violencia contra la población LGBT, porque creen que la homofobia no es un problema relevante; no están de acuerdo con las leyes que castigan la violencia doméstica, porque creen que es un asunto que tiene que solucionarse privadamente entre las mujeres y sus maridos.

Esa visión del mundo no es real y no la aceptamos.

Hay quien cree que la ley es una exageración. En las protestas del domingo 15 de marzo que llevaron a la calle a casi de un millón de brasileños en contra del gobierno, una señora desfilaba con una pancarta que decía: “feminicidio si, hambricidio no. #FueraPT”. Mientras tanto, Folha de São Paulo, uno de los mayores periódicos del paíspublicó un editorial criticando la ley, alegando que la ley vigente ya contempla todas las particularidades y circunstancias que rodean al asesinato de las mujeres.

Entre los años 2000 y 2010 fueron asesinadas más de 43.000 mujeres en el país, de las que un 40% fueron asesinadas en su casa a manos de sus compañeros o excompañeros. Este dato coloca a Brasil en la 7ª posición mundial entre los países con mayor número de feminicidios en el mundo.

Con la nueva ley, Brasil pasa a ser el 16º país en América Latina que clasifica el feminicidio como un crimen terrible. ONU Mujeres Brasil, destacó en una nota pública después de ser aprobada la sanción presidencial:

Es necesario enfatizar que el feminicidio y el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres es un ciclo perverso de violencias y torturas que encierra la extirpación bárbara y degradante de la identidad femenina.

Pero aunque la ley es una conquista, los obstáculos inmediatos muestran que está lejos de ser una solución. Nadine Gasman, la misma representante de ONU Mujeres que firmó la nota felicitando a la presidenta por la ley, unos pocos días antes en unaentrevista con la BBC Brasil planteaba otras cuestiones:

La ley del Feminicidio es muy importante porque obliga a los investigadores a buscar señales de odio contra las mujeres (en la ejecución del crimen). Pero es una investigación muy difícil pues no se contempla la violencia de género dentro de la perspectiva de la policía del Ministerio Público.

Otro problema es que el texto aprobado excluye a la parte de la población femenina que más sufre de la violencia en Brasil: las mujeres transexuales. El país fue señalado como el líder mundial en asesinatos de transexuales y transgéneros. Después de la presión del grupo parlamentario evangélico en el Congreso, la ley se aprobó después de clarificar como feminicidio el crimen “contra una mujer por razón de la condición de su sexo femenino” y definir que “hay motivos para considerar sexo femenino cuando el crimen involucra: 1) violencia doméstica y familiar 2) menosprecio o discriminación a la condición de la mujer.

Para Bia Cardoso, una de las integrantes del grupo Blogueiras Feministas, el problema reside también en la forma cómo el gobierno dirige las cuestiones de políticas públicas para mujeres: siempre enfocado en la violencia, “especialmente la violencia doméstica” y con soluciones que se limitan a acciones penales. En entrevista para Global Voices Cardoso explica:

A nivel símbólico, es importante poner nombre al homicidio de mujeres. Pero sin campañas y educación, una condena más fuerte no resultará necesariamente en la disminución de los feminicidios. En el caso de la violencia contra las mujeres, todavía hay mucha aceptación de esa violencia doméstica por parte de la sociedad, porque se culpabiliza a la mujer y se la ve como una provocadora. Sin acciones educativas y sin la creación e implementación de mecanismos y herramientas que apoyen y protejan a las mujeres cuando denuncian, el encarcelamiento del agresor no sirve para nada. Porque está demostrado que el sistema penal es ineficiente y racista. La ley del Feminicidio no es mala, pero sola no representa ningún avance en la sociedad que tiene la idea que todo se resuelve por medio del sistema penal.

De hecho, durante el pronunciamiento oficial en la televisión el día 8 de marzo, en el cual también se habló del escándalo de corrupción en la empresa estatal Petrobras, Dilma anunció que la Ley del Feminicidio forma parte de la “política de tolerancia cero en relación a la violencia contra la mujer brasileña”. A pesar de destacar aspectos positivos de la ley, como poner la violencia de género a debate en la sociedad y hacer que a partir de ahora los estudiantes y profesionales  de derecho estudien la violencia de género con más frecuencia y busquen comprender sus consecuencias, Guilherme Ravaglia Perisse Duarte, del colectivo Advogados Ativistas (Abogados Activistas), criticó ese giro de “tolerancia cero” y dijo a Global Voices

Se ha utilizado mucho ese discurso por los gobernantes, que sigue la lógica de endurecer las penas para reducir los índices y la criminalidad. A pesar de agradar a sectores de la prensa y la sociedad, el endurecimiento de las penas ha sido reiteradamente utilizado por el Congreso y no ha conseguido resultados positivos.

En definitiva, la ley es positiva, porque deja clara la gravedad de la violencia de género, pero el discurso es punitivo y negativo, pues consiste solo en el tratamiento de la violencia con más violencia, lo que no es eficaz.

Duarte también recuerda que

Desde el punto de vista jurídico, los cambios son mínimos, pues los casos que a partir de ahora serán vistos como feminicidios ya habrían sido considerados como homicidios calificados por motivo torpe, ambos crímenes atroces con las mismas penas.

O sea, la ley del feminicidio es positiva a partir del momento en que pone nombre a las cuestiones de género y obliga a la sociedad a hacerles frente. Mientras tanto, la ley en si se tiene que leer como un comienzo y no una solución final.

Lo mismo vale para la Ley Maria da Penha, aprobada en el gobierno de Luis Inácio Lula da Silva para castigar la violencia doméstica. Para Bia Cardoso, sin trabajar en su implementación, los resultados prácticos son escasos.

La ley de Maria da Penha tiene ya 8 años y no protege totalmente a las mujeres porque la aplicación de la ley comenzó con fallos en los registros imprecisos y desarticulados de los órganos responsables de recoger las denuncias, seguidos por la falta de atención a las víctimas y culminando con la ausencia de una red de instituciones para hacer frente al problema conjuntamente. Es preciso proteger a las mujeres para garantizar que no tengan que abandonar sus casas y trabajos. Y, también es preciso hacer que los agresores reflexionen sobre sus aptitudes. La creación de la Casa de la Mujer Brasileña puede que tenga un impacto más directo sobre la vida de las mujeres.

Quizás no es una mera casualidad que solo un día después de haber sido aprobada la Ley del Feminicidio y la creación de una Comisión de Combate contra la Violencia contra la Mujeres, la pauta fuera la ausencia de congresistas hombres entre las senadoras y diputadas. La afirmación que hizo la diputada Carmen Zanotto en unreportaje del Brasil Post dejó claro que la sociedad brasileña tiene todavía que avanzar mucho para hacer frente a lo que respecta a cuestiones de género, comenzando por los propios políticos

No veo porque una comisión compuesta solo por mujeres. No consigo entender porque esa comisión es menos importante que la CPI de Petrobras, cuando es igual de importante. El tema no solo incumbe a las mujeres, porque las mujeres son hermanas de hombres, hijas de hombres… ¿Dónde están los hombres de nuestro Parlamento? ¿Al final tendremos que trabajar solo las mujeres en esta cuestión?

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