Las mujeres en el poder tienen distintos estilos para ejercer su liderazgo

Se puede hacer una norma de una suma de excepciones? Es la pregunta que se abre luego de abordar con tres profesionales distintas cómo ejercen su liderazgo las mujeres en las altas esferas del poder en Chile y el mundo. Su respuesta es no.

Economía y Negocios online, 26.04.2015. “No hay que ser psicólogo para saber que entre Cristina Fernández y Michelle Bachelet hay un abismo de diferencia. Por otra parte, ¿hay un solo tipo de liderazgo masculino? No puedes afirmar eso sin partir de un prejuicio”, plantea la psicoanalista Gisela Forer.

Reconociendo que la participación de la mujer en el mundo público todavía es minoritaria, también se ve que está creciendo. Y eso que el derecho a voto no tiene mucho más de 50 años.

Con la nueva arremetida de Hillary Clinton en la lucha por el sillón presidencial de Estados Unidos, podría ser que la tendencia siga en aumento. Pero no solo porque las mujeres han tenido que aprender a ponerse pantalones, que es como tradicionalmente se entiende el acceso de las mujeres al poder, sino también porque la sociedad está cambiando y está ávida de otras maneras de ejercer el poder.

Es lo que cree Janet Spröhnle, psicóloga y directora ejecutiva de People & Partners, empresa que concentra su trabajo en los altos ejecutivos. “Creo que va a salir por lo que significa la necesidad de un liderazgo distinto. También es una mujer que ha tenido que aprender, que ceder. Es más ambiciosa que la Presidenta Bachelet, pero ahí está y yo creo que le puede ir bien”.

Respecto de su campaña anterior, ella tiene una ventaja ahora y es que estuvo cuatro años como Secretaria de Estado. Es lo que cree Ingrid Bachmann, académica de la Facultad de Comunicaciones de la UC e investigadora del tema comunicación, mujeres y política. “Si es por capacidad, ella no tiene que demostrar nada. De hecho, eso le juega en contra. No le perdonan que como Primera Dama no haya asumido un rol más típicamente femenino, no cae bien”, explica.

Pero además de la experiencia como autoridad, la candidata demócrata también ha hecho cambios a su exposición pública. “Ahora, un cambio es que está hablando bastante de su rol como abuela. A propósito del escándalo de las vacunas en EE.UU., ella apareció en Twitter diciendo ‘las abuelas sabemos más: las vacunas funcionan’. O sea, se vende como abuela. Hace un año dio una entrevista a la revista People, que es farándula, hablando de ser abuela y la chochera. Está mostrando que además de ser competente y fría, también es una mujer contenedora, que es madre de familia, es chocha, es abuelita. Está demostrando que tiene este otro lado también”, opina Bachmann.

Es decir, no hay fórmula. Hay atributos que pueden parecer más asociados a un género que al otro. Pero es una definición, a juicio de las tres entrevistadas, cultural, no biológica. “El ser mujer no tiene ciertas propiedades y particularidades, ni de liderazgo ni de otra cosa. Ser mujer en sí mismo, tener el cromosoma XX, no significa ningún determinismo. Los roles sociales en los que se ha instalado a la mujer se deben a fenómenos históricos, políticos, sociales, etc. Eso ha ido cambiando y hoy ser mujer significa tener un cierto tipo de cromosomas en el cuerpo; todo lo demás tiene que ver con cómo se construye el concepto de lo femenino y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo”.

No obstante que tanto hombres como mujeres pueden tener habilidades asociadas más a un género que al otro, Spröhnle cree que sí hay generalizaciones posibles. “Las mujeres somos naturalmente más orientadas a las personas, a contener, a cuidar, a desarrollar, a proteger y a nutrir, y por las cosas que nos ha tocado hacer, hemos evolucionado mucho y hemos podido desarrollar mucho mejor nuestras habilidades blandas que lo que le ha pasado al hombre. Ellos han estado instruidos siempre en una sola línea: poder, trabajar, producir, competir, están orientados a metas. Yo temo más por ellos, porque como todas las instituciones han ido como diluyéndose, el rol de ellos también cae dentro de eso”.

Además, Spröhnle advierte un asunto generacional. Que las mujeres sobre 60 años, en su experiencia, tienden a ejercer su liderazgo con un enfoque más masculino. Pero nota que eso está cambiando y que las habilidades de las mujeres se han mostrado muy eficientes a la hora de negociar. Esa capacidad, por ejemplo, se la atribuye a la Canciller de Alemania, Angela Merkel, quien ha enfrentado importantes procesos en la Unión Europea.

Todas coinciden en que no se puede decir, por la experiencia de una, cómo serán todas. “Son todas mujeres excepcionales. Con historias únicas. Michelle Bachelet se representa a sí misma y no más. No podríamos decir que las mujeres chilenas son como ella”, agrega Bachmann. “Lo que sí sabemos, agrega, es que mientras más mujeres llegan a cargos relevantes, más crece la participación de mujeres en política”.

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