“Carta en botella a Francesca Marina, princesa del mar”

francesca marinaPor Gisella Evangelisti.La Independent.cat/ Actualizado la Otra Opinión, Barcelona 16.06.2015. Has nacido el 4 de mayo en un “no lugar”, en el mar que une y divide dos mundos, Europa y África.  El antiguo “mare nostrum”, el Mediterráneo  donde los marineros de Ulises se perdían tras las sirenas, donde los romanos cargaban trigo y vino en sus trirremes, donde batallaron piratas, cruzados y turcos. Donde ahora, en lo más profundo de sus aguas, se deslizan  insidiosos submarinos rusos, estadounidenses y hasta chinos. Donde, contra vientos y mareas, día tras día y noche tras noche, millares de inmigrantes africanos desafían la muerte para llegar a pisar suelo europeo. Fueron 7000  los que llegaron vivos a Sicilia en un fin de semana de abril;  fueron 23.000 los que se ahogaron en sus olas entre 2000 y 2013, (según una investigación transeuropea, The Migrants Files). Una  lista larga cien metros, con más de 17.000 nombres, fue depositada en estos días ad memoriam frente al Parlamento Europeo.

No conocemos el nombre de tu madre, una chica poco más que adolescente. Sabemos que vino de Nigeria, vivió una odisea cruzando miles de km de desierto,  sufriendo hambre, sed y violencia por manos de traficantes sin escrúpulos. Tuvo la suerte de ser rescatada con otros 870 inmigrantes  por la nave “Bettica” de la marina italiana, el 3 de mayo, cuando ya comenzaban los dolores del parto. Estaba agotada, pero después de ocho horas de esfuerzos, naciste tú, una bebé espléndido, conmoviendo hasta los tuétanos la obstétrica y los marineros que te ayudaron a venir al mundo.  Pues eras tres Kg y 200 gramos de milagro viviente, un aleluya, un himno a la vida.  Secándose a escondidas las lágrimas, te montaron una pequeña cuna llena de velos, y te arreglaron para la foto, orgullosos.

En el mismo día, el 4 de mayo,  saludada por cañonazos, en una clínica donde se paga 8.200 euros por día, nacía Charlotte de Cambridge, princesa de Gran Bretaña.  Pero tú, la sirenita de ojos brillantes, fuiste  por los marineros “la princesa del mar”.  Te llamaron Francesca Marina,  en honor al papa que sabe hablar a la gente, y a la nave que  te rescató. Seguramente tu mamá te agregó un dulce nombre africano, y te cunará con cuentos de jirafas y leoncitos.

No sabemos en qué lugar podrás crecer, qué  idioma hablarás en la calle, dónde estarán esperándote escuela y amistades. No sabes todavía que una Europa en crisis está asustada por la “invasión africana”. Que hay municipios y naciones que se niegan a acoger un inmigrante más. En Italia, con las actuales leyes, no tendrás la ciudadanía  hasta los dieciocho años, y en Gran Bretaña el premier Cameron, dijo: no más extranjeros. Habrá para ti, princesa, otra odisea de papeles.  Verán tu caso: que  sí, podrá  pararse;  que no, deberá regresar;  que ni, que siga a otro país.

“Es un problema humanitario, tenemos que impedir el tráfico de seres humanos, y tantos naufragios”, declaman los bien pensantes, con una pizca de hipocresía. “Miren a mí”, se jactó hace poco, con otras palabras, el premier español Rajoy en Senegal, “nosotros sí sabemos cómo alejar las pateras de inmigrantes, posicionando unos de nuestros grandes  buques en las costas senegalesas”. “Y la cooperación para ayudar a mejorar la vida local?” Ya veremos. “Es que ahora salen de otra parte, señor primer ministro”. Ah ya.

“¡Claro, bombardeamos las barcazas en Libia!”, truenan  también unos políticos italianos, “así se elimina a la raíz el problema de migración”. Ah si?  ¿Dónde, cómo?   ¿con el permiso de los dos gobiernos líbicos? Siguen debates, declaraciones, propuestas y contrapropuestas, en la ONU, en la Unión Europea.  Vuelan nubes confusas de palabras, entre los señores encorbatados.

¿Alguien tiene el valor de decir en voz alta que después de los bombardeos occidentales en Libia se ha abierto la caja de pandora del fundamentalismo islámico? ¿Que la Unión Europea resurgida después de la segunda guerra mundial, de las peores masacres de la historia,  rechazando el colonialismo y promoviendo el bienestar social, se  ha reducido poco a poco a funcionar  casi solo como una simple caja contable?  (¡Usted revise su cuenta, Grecia! ¿Y la deuda odiosa? ¿Y las compensaciones de guerra que nos deben los alemanes? Revise su cuenta, ¡hemos dicho!).

¿Hay alguien en los escaños  del parlamento europeo que diga en voz alta que los que quitan el trabajo a los pobres, no son los inmigrantes sino un sistema financiero desbordado, donde se venera el dios Dinero, como el bíblico carnero de oro?  Donde quien se ha enriquecido especulando y hundiendo  la economía de enteros países, sigue premiado con liquidaciones fabulosas, mientras quien no pudo terminar de pagar la hipoteca de un piso por perder el trabajo, se encontró botado a la calle? Donde el sistema  mira más a garantizar ganancias a las empresas cada vez más grandes y globalizadas, que la dignidad de los trabajadores despedidos por millares, o precarizados?

Somos nosotros los europeos a estar en deuda contigo, Francesca Marina, mirándolo bien. Que alguien lo recuerde a los señores encorbatados, y a las distinguidas señoras parlamentarias. Estamos en deuda por los veinte millones de esclavos que robamos entre 1600 y 1800  a sus familias para llevarlos a las colonias americanas, empobreciendo el continente; por el robo de tierras y de recursos en las colonias africanas del 1800-1900; por otros millones de congoleses masacrados en la colonia privada del rey  belga Leopoldo Segundo,  por el apartheid en Sud África, por el desprecio y el trato arrogante que tuvieron los blancos hacia tu gente, considerándolos de una raza inferior, cuando fuiste la cuna de la humanidad, y habéis  tenido reinos e imperios. Ahora el viejo robo de tierras se llama “land grabbing”, que suena más moderno. Se da cuando empresas internacionales compran a poco precio, con las buenas o las malas, las tierras más fértiles de África, para estar preparados frente a un futuro de escasez alimentaria, después de haberla provocado. No es un consuelo que lo hagan también los chinos, o los árabes.

Y contigo,  pequeña princesa del mar,  tenemos unas deudas actualísimas, sobre todo  los angloholandeses, los franceses, los italianos. Pues es a través de Shell, Total y ENI, (entre otras compañías) que hemos destrozado uno de los lugares más bellos y ricos en biodiversidad del planeta: el delta del Níger.  Nuestras multinacionales, de brazeto con los gobiernos corruptos de tu país, mandaron colgar en 1995 a los activistas pacíficos (como el candidato al Nobel  Ken Saro Wiva) que apoyaban la protesta de millares  de pescadores y campesinos arruinados. Solo  después  de décadas de explotación despiadada, a la Shell un tribunal inglés mandó  pagar una pequeña multa para compensar el pueblo de Bodo, cuando según la ONU para limpiar todo el territorio Ogoni necesitaría un billón de dólares. Y la italiana ENI no  sacó un centavo para reparar los daños de centenares de derrames de los últimos años,  (fueron 349 en 2013, según Amnesty Internacional) o por el uso de tecnologías tóxicas como el gas flaring, que contamina y hace estéril las tierras, y solo recientemente está reduciendo su práctica.

Si Nigeria se ha vuelto un país inestable, con violencia política y común en aumento, y el 63% de la población que vive con menos de un dólar por día, algo tenemos que ver con eso. Por último,  surgió el movimiento fundamentalista islámico Boko Haram, que quiere llegar a adueñarse del “oro negro”, (como Isis entre Iraq y Siria), motivando las  multinacionales a retirarse.  Y no duda en hacer masacres de cristianos,  obligar unas pobres niñas a saltar al aire cargadas de dinamitas en un mercado, o secuestrar centenares de estudiantes para hacerlas sus esclavas.

¿Es de extrañarse si esta chiquilla nigeriana, tu futura mamá, tomó valor un día para buscar un camión y salir del país, emprendiendo un viaje peligrosísimo, tratando de olvidar las lágrimas de abuelas, tías, vecinas, el trineo de pájaros en las madrugadas rosadas de las sábanas, el universo rebosante de estrellas en los altiplanos?  ¿Es un delito soñar con vivir en paz, trabajar dignamente, criar una familia feliz, cuando desde que mundo es mundo, para eso,  la humanidad ha emigrado a lo largo y lo ancho del planeta?

Verás poco a poco,  que el mundo es complicado, Francesca Marina.  Hay pobreza en países ricos, y tronos de oro en países pobres, y a la vez con  economía pujante, como el  tuyo. Verás que luz y sombras están en todas partes, hasta dentro de uno mismo. Podrás encontrar miradas despectivas o gente que te abrirá los brazos, como las 600 familias de Turín que acogen inmigrantes,  o los maestros y maestras ingleses que pagan de su bolsillo el comedor de niños y niñas cuando no tienen de qué comer.

Por fin en estos días, después de tanto debate, los 28 estados europeos han decidido repartirse los que piden asilo, ¿sabes? Pero no hay nada definido todavía, y siguen discutiendo. Quizás tu nueva patria no sea una nación conocida, sino algo que todavía tenemos que construir, nosotros y tú, princesa del mar,  en una orilla donde por fin hayan sido borradas las fronteras. Es una tierra que se llama Utopía.

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