“El ‘Brexit’ duro es una receta para el desastre”

“Yo recomiendo a los inmigrantes europeos que se queden. Pero que vayan pidiendo el pasaporte británico por si acaso”

 

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Vicky Pryce. Foto:Ione Saizar

Carlos Fresneda. ElMundo.es. 11.10.2016. Vicky Pryce es economista y no lo puede evitar: allá donde va le pica la curiosidad. Por eso decidió sacarle punta a su estancia en la cárcel: ocho meses de condena(reducidos a nueve semanas) por “pervertir el curso de la justicia”. ¿Su delito?Asumir una multa por exceso de velocidad y cargar con los puntos que en realidad le correspondían al auténtico infractor: su ex marido y ex ministro de Energía Chris Huhne. Otros habrían llevado el escándalo y la condena como un estigma en el currículum. Pero esta mujer nacida hace 64 años en Grecia, licenciada por la London School of Economics y madre de cinco hijos, forjada en la administración pública y profesora en Oxford, ha sabido darle la vuelta a su estancia entre rejas con una dignidad y un coraje envidiables. Todo lo que aprendió allí lo ha plasmado en un libro que tiene algo de alegato contra el sistema penitenciario: Prisonomics.

Aunque estamos aquí, en su casa al sur del Támesis,

para hablar más bien de Greekonomics, su obra anterior. Y también para tirarle de la lengua en su condición de máxima experta en los efectos del Brexit: el “duro” y el “blando”. Vicky Pryce se declara de entrada como “proeuropea, pero antieuro“. Hizo campaña a favor de la permanencia en la UE, pero las discusiones por la moneda única pudieron haber sido causa de divorcio prematuro de su ex marido…

Superado el listón de los 100 días del referéndum, hemos pasado del escenario apocalíptico al éxito del Brexit. ¿Dónde nos quedamos?

Yo soy muy escéptica ante el triunfalismo de estos días, que tiene más que ver con el clima político en el que vivimos. En realidad, no tenemos aún ni idea de los que está pasando por debajo, y aún harán falta unos meses para averiguarlo.

Pero los indicadores económicos son mejores de los que muchos preveían…

Estamos aún viviendo de las rentas de la primera mitad del año y de todo lo que se hizo antes. Empecemos con el empleo: los datos son positivos, no vamos a negarlo. Seguimos con un nivel de desempleo por debajo del 5% que puede ser la envidia de Europa, pero se trata en cualquier caso de un indicador rezagado, que se manifiesta con meses de retraso y en respuesta a la marcha de la economía. La bajada de la libra ha permitido también un aumento de las exportaciones y del número de visitantes al Reino Unido y ha creado esa sensación de euforia estival. Pero no es suficiente. Para saber lo que va a pasar hay que prestar atención a los indicadores líderes, como la construcción, las carteras de pedidos de las empresas, las inversiones… Y ahí la situación es más confusa.

Hay economistas que ya están entonando el mea culpa por haber exagerado durante la campaña. Y otros como Mervyn King (ex gobernador del Banco de Inglaterra) que hablan incluso de la «gloriosa oportunidad» del Brexit…

Yo me mantengo en mi posición. Estaba a favor de la permanencia y sigo pensando que el Brexit tendrá un impacto negativo en la economía, tanto en el Reino Unido como en Europa. Creo que lo que toca ahora es cautela… Primero, porque el Brexit aún no se ha producido y no se producirá hasta que se apriete el botón del artículo 50 del Tratado de Lisboa (a finales de marzo). Y segundo, porque el Banco de Inglaterra ha intervenido de un modo muy ostensible, bajando los tipos de interés e inyectando liquidez (salvando a los bancos, básicamente). En pocas palabras: ha habido una gran intervención en la economía para mitigar el impacto. Y aun así, el Gobierno de Theresa May se ha visto obligado ya a recular, a renunciar a sus objetivos de rigor fiscal hasta el 2020 y a reconocer que el déficit será mayor. Yo creo que vamos a asistir a una ralentización del crecimiento de aquí a finales de año y que esa va a ser la tónica. Con el tiempo, volveremos la vista atrás y nos daremos cuenta de que teníamos una situación económica envidiable, y decidimos tirarla por la borda.

Todo parece indicar que Theresa May ha hecho un viraje hacia el Brexit duro ¿Cuáles serán las consecuencias?

El Brexit duro es una receta para el desastre. Renunciar al acceso al mercado único (para poder controlar la inmigración) tendrá un gran impacto en sectores como el financiero y el tecnológico, que están muy vinculados a Europa. En términos generales, prácticamente el 50% de las exportaciones y de las importaciones del Reino Unido tienen como destino y origen la UE. ¿Qué vamos a hacer si rompemos totalmente los lazos comerciales con el bloque? ¿Intentar negociar con los 27 países uno a uno y confiar en que no nos pongan aranceles? ¿Nos vamos a consolar de entrada con un acuerdo con Australia, que no llega al 1% de nuestra tarta comercial? ¿Vamos a pasar al final de cola para poder negociar con Estados Unidos? ¿Y así con más de 170 países en un proceso interminable? Un Brexit duro lo complicará todo mucho más y será un giro hacia un mundo más cerrado, más opaco y más proteccionista.

Listas de extranjeros

¿Y qué me dice de la propuesta de reclamar «listas de extranjeros» a las empresas? ¿No está llegando demasiado lejos en el celo contra la inmigración?

Afortunadamente, parece que esos planes se van a archivar. Causaron un shock con el anuncio y no han tenido más remedio que dar marcha atrás. Yo creo que el Gobierno ha intentado enviar un mensaje a los votantes de que se toma muy en serio el tema de la inmigración. Pero ya veremos qué medidas se pueden o no implantar.

¿Y qué hacemos los tres millones de inmigrantes europeos que ya estamos aquí? ¿Nos vamos o nos quedamos?

Yo recomiendo a todos los europeos que se queden… Pero que vayan pidiendo el pasaporte británico por si acaso.

¿Y qué pasará ahora en Europa? ¿Existe un riesgo real de contagio del Brexit?

Están intentándolo limitar, pero la verdad es que es algo difícil en la situación actual. Los padres fundadores de la UE previeron que se avanzaría precisamente hacia la unión de crisis en crisis. Pero la pregunta es si hemos llegado al límite con la crisis desencadenada por el Brexit. La preocupación se ha extendido a los países del Este por la cuestión de la inmigración. Y temo que la situación se puede agravar en el sur, y no hablo ya de Grecia, también de España (con un nivel de paro casi similar) y por su supuesto de Italia, que arrastra una situación económica muy difícil.

Matteo Renzi habla ya del «fantasma de Europa»…

Es que el euro ha impuesto al sur de Europa una especie de camisa de fuerza. La razón para crear la UE y para impulsar la unión monetaria fue precisamente para tirar hacia arriba de los países menos ricos. Pero el efecto ha sido justo al contrario: los países más ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. La brecha se sigue ensanchando y los datos sobre lo que nos espera en el futuro no son muy esperanzadores que digamos. En España, la deuda es muy alta e insostenible, y ha superado ya el 100% del PIB. En Irlanda, pese al «milagro», es ya del 120%. En Portugal, el 130%. En Italia, el 137%. En Grecia, el 187%. Los países del sur de Europa tienen razones sobradas para expresar su malestar por la marcha de la UE. Aunque las raíces de sus problemas sean distintos, en el fondo los síntomas son los mismos.

Pero en Grecia, en contraste con el Reino Unido, la gente votó implícitamente por seguir dentro de la UE y dentro del euro

Grecia necesitaba ayuda y no podía permitirse ir por libre. El sentimiento anti-UE sigue muy arraigado en una parte de la población. Yo rompí una lanza por mi país en Greekonomics porque, con todos sus defectos, el fallo primero y último estuvo en forzar la unidad monetaria. La UE antepuso la cuestión política a los intereses económicos.

Es cierto que uno de los motivos de fricción con su ex marido, el ex secretario de Energía Chris Huhne, fue precisamente el euro…

Es rigurosamente cierto. Esa pudo haber sido una causa prematura de divorcio (risas). Siempre he sido proeuropea pero antieuro. Yo defendí que el Reino Unido no entrara en la unión monetaria. Estaba convencida desde el principio que países tan diversos como Alemania o Grecia no podían funcionar nunca con la misma moneda. Dudo mucho que el euro aguante como hasta ahora más de 10 años.

Monstruo burocrático

¿Y no es demasiado tarde para reinventar la Unión Europea?

Dependerá de los líderes que nos toquen en los próximos años, ahora que incluso Angela Merkel parece estar tocada. Yo creo que aún hay espacio para intentar reconducir el futuro, aunque creo que la Comisión Europea no está haciendo una buena labor. Bruselas tiene que escuchar más a los países periféricos. Tiene que haber más diálogo. No se puede responder sistemáticamente: «Queremos más integración». Más que acelerar la integración política y seguir predicando la austeridad, se debería trabajar por una institución que funcione y que llegue a los ciudadanos, que no se perciba como un monstruo burocrático y antidemocrático. De lo contrario, los nacionalismos seguirán ganando fuerza, como en Francia, Holanda y Dinamarca.

Hablemos finalmente de su estancia en prisión y de lo que aprendió entre rejas, condensado en su último libro, Prisonomics…

Soy economista y curiosa por naturaleza: cuando llego a un lugar quiero saber cómo funciona. Lo mismo me ocurrió cuando tuve que pasar un tiempo en prisión. No podía conformarme con acatar la sentencia sin más, así que decidí investigar todo lo que había detrás.

Cuesta creer que manden a la cárcel a alguien por asumir una multa por exceso de velocidad y cargar con los puntos que le habrían correspondido al marido

Y sin embargo es así… Las cárceles están llenas de gente que cometen delitos menores, como no pagar una simple licencia. Desde 1996 se ha duplicado la población reclusa del Reino Unido, justo cuando empezó a caer la criminalidad, lo cual resulta aún más absurdo.

Le condenaron por «pervertir el curso de la justicia». ¿Lo volvería a hacer?

Prefiero no mirar hacia atrás ni entrar en el terreno personal. Digamos que es una experiencia que no se la deseo a nadie, pero que ha servido para abrirme los ojos y dar un nuevo significado a mi trabajo. Escribí Prisonomics casi como un deber moral. Y he decidido implicarme a fondo en la reforma del sistema penal y colaborar con asociaciones como Working Chance, que ayuda a las mujeres a encontrar trabajo al salir de la cárcel. Al fin y al cabo, a mí no me costó reincorporarme a la vida profesional al cabo de nueve semanas. Pero hay un dato muy preocupante: sólo el 27% de las personas que sale de una prisión encuentra trabajo. Más de la mitad son reincidentes y vuelven a la cárcel. Imagina que pasa algo parecido con un hospital, que la mitad de los enfermos tienen que volver a recibir tratamiento. Si algo así ocurriera, lo lógico sería cerrar un hospital. Eso es lo que tenemos que hacer con gran parte de las prisiones, que deberían estar reservadas para los delitos más graves.

Usted pasó unos días en la cárcel de Holloway, la prisión de mujeres más dura del Reino Unido, ¿cómo fue su experiencia?

Allí aprendí, entre otras cosas, que muchas mujeres están realmente en la cárcel por lo que hicieron sus maridos, sus padres o sus hermanos… Son mujeres muy vulnerables, que no han tenido acceso a una educación y menos a un trabajo. Y en muchos casos con problemas mentales, que deberían estar en todo caso en tratamiento y no en la cárcel. Y encima con el drama añadido de los hijos pequeños… Las mujeres son apenas el 5% de la población reclusa en el Reino Unido, y aun así el número se ha disparado un 85% desde 1996. Está claro que algo no funciona en nuestro sistema penal. No tiene sentido seguir cargando con este enorme coste humano y económico.

NOMBRE: Vicky Pryce. ESTADO CIVIL: Dos veces divorciada, madre de cinco hijos. EDAD: 64 años. SU LIBRO: ‘Lucky Jim’, una novela de Kingsley Amis. PELÍCULA: ‘Quemado por el Sol’ de Nikita Mijalkov. SUEÑO: “Volver a ver al Chelsea como campeón de la premier”. CONFESIÓN: “La discusión por el euro con mi ex marido pudo haber sido causa prematura de divorcio”

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